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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Sientan la caricia de los elementos de la Naturaleza de Dios; cómo en este momento, a través de Mi Divina Presencia y a través de Mi Amor Maternal, la Tierra entera es colmada por el Amor y la Ternura de Dios. Sientan, en este lugar, cómo esto sucede, cómo los elementos de la naturaleza responden a la Madre del Mundo.
¿Ustedes saben que son parte de esto, que la Naturaleza de Dios está en ustedes, hijos Míos, así como el Padre está manifestado en todo lo creado? Son el poder y la fuerza de los elementos de la naturaleza, en su armonía, belleza y simplicidad, que transmutan las situaciones más oscuras del planeta.
Los elementos de la Naturaleza de Dios siempre han acompañado a la Jerarquía Divina y a las Jerarquías porque, a través de la presencia de los elementos de la Naturaleza de Dios, las almas son elevadas de la vida terrestre a la vida espiritual y las potentes corrientes de cura se presentan para que, a través de la Palabra Divina y de la oración perpetua de la Madre de Dios, los corazones sean curados y transformados de su pasado y dolor.
Pero esto, aún es más fuerte y espiritual, es más profundo y desconocido, hijos Míos, porque por donde peregrina la Jerarquía Divina, a través de las naciones y de los pueblos, en los lugares que la Jerarquía visita, bendice y consagra, existen espacios sagrados como este en donde no solo la Naturaleza Sagrada de Dios se manifiesta y se refleja, sino que también los espacios internos concebidos por la Jerarquía Espiritual reflejan, como un espejo, los atributos y los principios que la humanidad necesita en este tiempo para poder alcanzar la paz.
Cuando Yo Me presento aquí, así como Me presenté en varios lugares del mundo y a lo largo de los tiempos, los elementos sagrados de la Naturaleza de Dios también se presentan ante la Madre Naturaleza, la Madre de las almas y de los corazones, para transmutar las condiciones más adversas de las vidas de las personas, pero también para elevar el espíritu de cada ser hacia Dios, en donde el espíritu de cada ser, el alma de cada corazón de esta Tierra, podrá encontrar cura, liberación y redención.
Estos sagrados elementos de la Naturaleza de Dios se presentan como ángeles y devas, que son las grandes potencias celestiales y del universo que abren las puertas y las dimensiones para que la Jerarquía Espiritual descienda al planeta y pueda entregar Su Mensaje a la humanidad.
Esto siempre ha sido así, hijos Míos, en las Apariciones de la Virgen Santísima, del Sagrado Corazón de Jesús o del Corazón de San José, sagrados elementos de la Naturaleza de Dios generan una coyuntura espiritual y única para las almas, y especialmente para las naciones que reciben a la Jerarquía Espiritual.
¡Cuántas matrices espirituales la Jerarquía puede trabajar en la consciencia y el alma de una nación! Y, a través de esto, hijos Míos, ¡cuántas almas se ven beneficiadas con este movimiento oculto y espiritual de la Jerarquía!
Pero esto no se ve con los ojos físicos, sino con los ojos del alma. Este movimiento oculto y divino de la Jerarquía no se lo puede comprender con la mente, solo sentir con el corazón, con el corazón-espejo abierto de cada alma, para que perciba y así también reciba los impulsos espirituales de la Jerarquía.
Con esto, quiero decirles, Mis amados, que toda la Jerarquía Espiritual unida y reunida en este momento no solo por Estados Unidos y Canadá, sino también por el mundo entero, está construyendo una condición interna, anónima y silenciosa, sembrando la semilla en los corazones que se abren a recibirla. Porque intentamos, queridos hijos, como Consciencias Divinas y Cósmicas, que al menos una pequeña parte de esta humanidad de superficie alcance la realización de la Tierra Prometida de la Nueva Humanidad, así como el Padre Celestial lo desea ardientemente en Su Corazón.
A pesar de los conflictos, a pesar de las guerras, a pesar de los desastres naturales, a pesar de la situación grave de esta humanidad, a pesar de la pena de muerte o de la prisión; a través de los sagrados elementos de la Naturaleza de Dios, el Padre Celestial enviará una vez más a Su Hijo al mundo para reconstruir esta superficie herida y martirizada; y para eso los estamos preparando, queridos hijos.
No se olviden de este importante momento que antecede al Retorno de Cristo.
No tomen este Mensaje solamente como palabras. Tomen este Mensaje como un impulso interior y espiritual de preparación en el final de los tiempos para ustedes mismos. Aun mientras se purifiquen y se consagren, no pierdan de vista los impulsos de la Divina Jerarquía, a fin de que se pueda construir y manifestar la Nueva Humanidad.
Quiero que tengan presente a los ángeles y devas que acompañan a su Madre Celeste en este momento, y a las Leyes de Cura, de Amor y de Misericordia que colman a esta nación de los Estados Unidos, pero también a muchos lugares del mundo entero que, en este tiempo y en este momento, necesitan de intervención espiritual.
Si su esfuerzo para con Nosotros fuera siempre verdadero y honesto, y su fidelidad y lealtad fueran también así para con Nosotros, les aseguro, queridos hijos, que, a pesar de todo o incluso bajo cualquier situación o experiencia, estarán comprendiendo el llamado de la Jerarquía Celestial.
Por eso, en este día, los vuelvo a animar a seguir Nuestros Pasos, para que la historia que Dios escribe, a través de Nuestra Presencia en sus vidas, pueda resonar en lo más profundo de sus corazones y siempre pueda renovarlos e impulsarlos a seguir adelante.
Por eso, hijos amados, para que los sagrados elementos de la Naturaleza de Dios sigan obrando y transmutando al mundo para que vuelva a alcanzar la paz y el amor que ha perdido, Yo les pido, queridos hijos, que Nuestras Palabras resuenen en sus corazones como las últimas Palabras preparatorias e importantes para su redención.
Como Madre, Yo acompaño los pasos de todos Mis hijos, acompaño los momentos buenos, pero también los momentos dolorosos, sepan que estoy atenta a todas las necesidades y pedidos.
Sigan orando por lo que necesitan para saber si realmente lo necesitan, porque hay algo más allá de toda vida material que los está esperando a través de este portal celestial que les abre, una y otra vez, la Conciencia Divina al planeta y a las almas para que reciban Mis Gracias, las Gracias más profundas de Mi Corazón.
Que el Espejo de Mi Corazón Inmaculado se vuelva a reflejar sobre el mundo y sobre este lugar; y que, principalmente, el Espejo de Mi Corazón, a través de la ternura de Mi Espíritu y de Mi Alma, se pueda reflejar en sus corazones para que sientan, hijos Míos, que Yo estoy cerca y no lejos, para que sepan que le ha llegado el tiempo a cada uno de aprender a madurar y a crecer, aun en este desconocido Armagedón.
Siempre que Me llamen, allí Yo estaré; siempre que Me invoquen, allí Yo estaré; siempre que oren Conmigo, allí Yo estaré; siempre que lloren a Mis Pies, allí Yo estaré; siempre que logren algún paso, allí Yo estaré; o aunque siempre caigan muchas veces, allí Yo estaré. Porque Yo Soy su Madre, la Madre que los ama, los consuela y los ampara.
Esta es Mi Misión y este es Mi deber ante el Sagrado Corazón de Mi Hijo, este fue Mi compromiso a los pies de la dolorosa Cruz. Por eso, estoy aquí para ayudar a Mis hijos del mundo, para que puedan llegar a Dios.
Yo les agradezco por responder a Mi llamado.
Es un júbilo espiritual que Estados Unidos, a pesar de su deuda espiritual, reciba esta Gracia de todo el Cielo.
Los bendigo en el nombre de Mi Hijo y de la unión con la Santísima Trinidad, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Por medio de Sus Mensajeros Divinos y universales, Dios contempla la humanidad en silencio, así como contempla todo lo que ha creado para Sus hijos.
Si los árboles hablaran, escucharían su dolor. Si los animales se expresaran, comprenderían su sufrimiento y angustia. Si todo lo creado se pronunciara, así como si las piedras hablaran, la humanidad quedaría horrorizada por todo lo que ha hecho en contra de la evolución.
Aunque eso siga sucediendo y que una parte de la humanidad siga cometiendo los mismos errores, existe una solución y una salida.
Por eso, Dios los contempla en silencio, para poder escuchar de alguna forma la respuesta de la humanidad.
Los Reinos de la Naturaleza son parte de la evolución de los seres, nunca podrían estar separados del ser humano ni tampoco el ser humano estar separado de ellos.
Todo cumple un ciclo, todo cumple una evolución. Y si ese ciclo y esa evolución es transgredida, la evolución del ser humano y de los Reinos quedaría incompleta, y el sufrimiento que es generado hacia los Reinos menores deberá ser transmutado y liberado de alguna forma.
Por eso, no es solo el momento de tener más consciencia sino también de tener una buena y sana actitud con cada uno de los Reinos menores. Si los Reinos menores no estuvieran en este planeta, el planeta no se expresaría ni tampoco se expresaría la humanidad.
El ser humano debe encontrar el sentido y el significado de la presencia de los Reinos de la Naturaleza. Son parte de la comunión con su espíritu y con su alma.
Los Reinos Menores no son para ser explotados ni transgredidos. Eso no permite que el ser humano evolucione y despierte al gran Conocimiento Universal. Eso no permite que siga subiendo la escalera hacia el Infinito, para poder encontrar, algún día, la Verdad y la Sabiduría.
Por eso, el propio ser humano estanca su evolución y no la finaliza. Por eso, son muy pocos los que se ofrecen para poder desatrancar esa evolución de la raza humana.
Los pasos son hacia la ascensión, hacia el camino del espíritu, hacia la realización de la misión personal de cada ser.
Pero mientras la humanidad no vea estas cosas más profundas e internas, nunca podrá comprender el Plan de Dios ni tampoco su existencia, porque estará fuera de la Ley, estará fuera del equilibrio y de la armonía. Para poder alcanzar las nuevas esferas y poder acceder a los nuevos conocimientos que existen en el Universo, las Leyes ya no se pueden transgredir.
Sabemos que existe una ambición desmedida de parte del ser humano, que ya es incontrolable e insostenible. Por eso, todos los esfuerzos que se hagan, todas las oraciones que se realicen, todos los servicios que se presten, no solo a sus semejantes sino también a los Reinos menores, ayudará a que, algún día, esa parte de la humanidad despierte y tome consciencia de todo lo que hace y lo pueda corregir.
Mientras se maten animales, existirán enfermedades incurables para el ser humano. Mientras grandes extensiones de bosques se corten o se talen, existirán conflictos entre las naciones.
Todo tiene una consecuencia, todo tiene un origen. Nada está separado. Es una cadena que el ser humano no consigue romper por sí mismo. Solo con la ayuda espiritual de la Jerarquía, esas cadenas y esas opresiones se liberarán; pero es necesario el arrepentimiento, es necesario sentir en el corazón todo lo que está sucediendo y ayudar a revertirlo.
Mientras nada suceda, mientras una parte de la humanidad no escuche y no acoja el llamado que viene de la Jerarquía, el cambio no llegará y la humanidad seguirá sufriendo sus propias consecuencias.
No podrá ser solamente la minoría de la humanidad la que viva el cambio de la consciencia o el despertar. Todos son llamados a cuidar y a proteger lo que recibieron, porque es único y no existe en otro lugar del Universo ni en otro planeta.
Por eso, todas las Jerarquías, todos los Mensajeros y todas las consciencias del Universo contemplan con amor al planeta y a la humanidad, porque Dios les entregó todo lo mejor que tenía para que Sus hijos pudieran crecer, madurar, aprender y evolucionar.
Pero ese ciclo se rompió desde los errores que fueron cometidos por Adán y Eva. Y nuevas razas, civilizaciones y culturas surgieron para intentar corregir lo que había sido hecho por el desvío vivido y por los errores cometidos.
Pero no todas las culturas, consciencias o civilizaciones alcanzaron la evolución que Dios necesitaba. Por eso, surgieron nuevas razas, surgieron nuevas generaciones para que el Plan pudiera continuar adelante. Y lo más importante: que este Proyecto genético pudiera alcanzar un estado vibratorio elevado.
Como no fue suficiente la experiencia, como no fue suficiente alcanzar las aspiraciones y concretarlas por parte de los propios seres humanos, por las propias culturas o pueblos, aun habiendo vivido los grandes procesos de contacto y de unión con la Jerarquía universal, el Padre se entregó a sí mismo por medio de Su amado Hijo, para que ese Proyecto, para que esa genética humana que fue amorosamente pensada y meditada pudiera ser corregida a través del Amor Crístico proveniente de la Fuente del Amor-Sabiduría universal.
A lo largo de los tiempos, después del paso de Jesús por la Tierra, hubieron ejemplos, testimonios y experiencias de consciencias que alcanzaron los grados de Amor Crístico. Pero pocos lograron vivir los mismos estados que alcanzó Mi Hijo hasta lo alto de la Cruz, hasta el último momento de Su expiración.
Por eso, Él derramó Su Sangre y Su Agua por cada uno de Sus compañeros, y para que la Tierra y sus más profundos recintos fueran permeados por la Sangre de Jesús, para que ese testimonio de Amor y de redención quedara guardado en la memoria espiritual de esta raza y de este planeta.
Todos esos Códigos alcanzados, todos esos planos vividos y experimentados por Mi propio Hijo, son experiencias muy profundas y espirituales que Él dejó para el mundo, para que las almas y principalmente las esencias, se pudieran servir de esa preciosa y pura energía, de la Energía Crística.
Ahora, que el tiempo y la humanidad está en un momento culminante, es hora de que las consciencias que se entregan y que se donan a Cristo, accedan a esos Códigos de Luz de una forma espiritual e interna, reflejados en los atributos del servicio, de la donación, de la fraternidad, de la entrega, de la oración, de la Misericordia y de la paz, para que la cura se establezca no solamente en sus consciencias sino también en sus semejantes, en sus hermanos, conocidos y desconocidos, en todos los seres de esta superficie.
Que ese amor no solo pueda llegar a lo más profundo e íntimo de ustedes en este tiempo crucial para que su fe y su confianza estén fortalecidas, sino también que esos Códigos de Amor Crístico puedan llegar a las consciencias y a los Reinos menores que más los necesitan, penetrando las capas más duras y resistentes de la consciencia, del sufrimiento, de la opresión, de la esclavitud, de los conflictos.
Y esa armonía y esa paz universal se alcanzarán en la superficie de las naciones, en los pueblos y en los continentes cuando ese Amor Crístico sea vivido verdaderamente y lo acepten como parte de sí, en una comunión profunda con la Divinidad de Mi Hijo.
Eso permitirá que el Proyecto genético, el que Dios pensó desde el principio, continúe adelante, aun en los tiempos de Armagedón y de Apocalipsis. Las puertas hacia la sabiduría y hacia el Amor cósmico no se cerrarán, aunque los acontecimientos se precipiten en algunas regiones de la Tierra y en algunas partes de la humanidad, para que el ser humano pueda aprender, tome consciencia y se arrepienta verdaderamente.
Ya no es necesario que el ser humano siga sufriendo y padeciendo todo lo que hace y todo lo que vive. Estar en la Ley significa un esfuerzo mayor, no solo de mantener la consciencia y la mente abierta sino también de participar de esas Leyes viviéndolas dentro de sí y practicándolas exteriormente, para que el pueblo sagrado de Dios se vuelva a reunir, se vuelva a unir, se vuelva a congregar en el nombre del Amor Crístico de Mi Hijo, el que siempre los llevará a la paz y a la visión perfecta de la realidad de estos tiempos; para que todo sea reconciliado, redimido y curado en las consciencias humanas.
El planeta, pero principalmente la humanidad, está ante dos caminos y uno de ellos deberá escoger, no de una forma impulsiva o egoica sino de una forma intuitiva y amorosa. Son dos destinos diferentes, son dos realidades diferentes, son dos situaciones diferentes y dos resultados diferentes.
Por eso, ante esa encrucijada o esa decisión hay que orar, orar y orar, para que la humanidad entera como una sola consciencia y una sola civilización escoja el camino que la liberará, o la condenará para siempre.
Por eso, las Leyes de la Misericordia actúan, gobiernan y proceden en la humanidad de estos tiempos, para que las almas recuperen el sentimiento de amar a Dios, de buscarlo y de encontrarlo, sabiendo que el Padre en Su eterno silencio, los espera con Sus Brazos abiertos para recibirlos y ayudarlos.
Pero ahora son Sus hijos los que deben escoger y decidir. Toda la ayuda del Universo llegará conforme a la respuesta de la consciencia humana y a la disponibilidad de las almas.
Esa decisión está en el corazón de cada ser de este planeta, pero no se olviden de poner atención y de revertir los males causados a los Reinos de la Naturaleza que son inofensivos a la vista del hombre y que están aquí para equilibrar sus emociones y sus pensamientos.
Los Reinos menores se ofrecen a transmutar situaciones inconcebibles. Y, a pesar del maltrato y de la agresión que reciben todo el tiempo, ellos no se dejan de donar y de entregar para que el hombre pueda evolucionar y alcanzar la madurez que necesita en este ciclo.
Abran sus ojos, no físicos sino internos. Abran sus oídos, no físicos sino internos. Perciban, sientan y contemplen la realidad planetaria y comprenderán todo lo que les decimos, porque lo más importante en este tiempo es hacer el bien y proclamar la paz. Así ya no se levantará nación contra nación ni pueblo contra pueblo. Ya no se agredirán hermanos contra hermanos y, así, la Luz nunca faltará y el Amor siempre llegará porque será emanado de la Fuente del Universo.
Estamos aquí como Consciencias universales para ayudarlos a vivir el cambio y para que ese cambio dé testimonio, en cada ser, del amor por lo divino.
Les agradezco por acompañarme y por escucharme en estos tiempos.
Que la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo esté en ustedes y los impulse a vivir lo que Dios tanto espera.
Queridos hijos:
Hoy, Mi Corazón llega a este Reino de Cura para la humanidad con un propósito de liberar la mayor cantidad posible de almas de los abismos de este mundo.
Hoy, Me coloco sobre este altar, no solamente como un símbolo de Mi irradiación sobre el Medio Oriente, sino como una Verdad, porque así estoy todo el tiempo clamando por esta tierra sagrada en la cual un día coloqué Mis Pies, la cual deseé santificar con la Presencia de Mi Hijo.
Cuando estuve en el mundo, sentí en Mi Corazón la esperanza de que este planeta pudiera ser sagrado, porque portaba en Mi Vientre al Hijo de Dios. Caminé por todo el Oriente y también por Europa, buscando extender el Reinado de Mi Hijo, anunciar Su Retorno, Su Resurrección, Su Vida Eterna.
Tuve la esperanza de que pudiera surgir una Nueva Jerusalén, aquella tierra sagrada tan esperada, pero no fueron muchos los que escucharon a Mi Hijo, los que lo escucharon de verdad, que siguieron Sus Palabras, tornándolas vida.
Escuchar a Cristo no es solo comprender Sus Palabras, es vivirlas. Es por eso que les digo que fueron muy pocos los que lo escucharon.
A pesar de que Él caminó entre las multitudes, muchos vieron Sus milagros y se asombraron con ellos, pocos fueron los que hicieron de sí mismos el mayor milagro de Cristo. Y, a lo largo de estos dos mil años, fueron muy pocos los que se animaron a vivir este milagro, este milagro que Mi Hijo perpetuó a través de la Eucaristía, en la que Él se entrega todos los días al corazón humano, renovando Su Pasión y Su oferta de renunciar a Sí mismo por la salvación de este mundo.
Cada vez que comulgan de Cristo, que reciben el Pan y el Vino, en ese momento Mi Hijo revive Su Pasión y reconfirma, ante Dios, Su entrega perpetua por este mundo y por muchos otros.
Por eso, hijos, deben saber estar ante la Eucaristía, deben recordar, cada vez que comulgan, el sacrificio sagrado de Mi Hijo Jesús, Su Perdón y Su Misericordia; porque así, no solo renovarán Su sufrimiento, renovarán también Su Misericordia, Su Paz ante todos los acontecimientos, Su Fe absoluta en el Creador, aun crucificado delante de la muerte, Su certeza sobre la vida eterna, de que, unido a Dios, resucitaría.
Vengo a resucitar a este mundo, a ver resucitar a las almas, así como vi resucitar a Mi Hijo.
Vengo a resucitar el Propósito de Dios en el corazón humano, para que no se pierda ni se desvanezca.
Mi Corazón los acompaña y los sustenta, así como impulsó a Cristo a seguir con Su sacrificio hasta el final. Pero, si quieren seguir el ejemplo de Mi Hijo y contar con la ayuda de Mi Inmaculado Corazón, deben ser persistentes, perseverantes en el Propósito Divino, independientemente de los resultados, independientemente de lo que llaman fracasos; porque las leyes de este mundo no se asemejan a las Leyes del Cielo. Lo que puede parecer un fracaso ante los ojos humanos es la gran victoria del Creador.
Aquellos hijos Míos que renuevan su fe en el Medio Oriente, a pesar de toda la persecución, del miedo y del dolor, están renovando la fe del mundo entero, están renovando el sacrificio de Cristo, están haciendo del fracaso de una nación la victoria de Dios en el corazón de ella.
Es por esos hijos Míos que nunca pierden la fe que Mi Corazón aún puede interceder por Siria. Con su convicción de permanecer unidos a Cristo, ellos Me abren las puertas todos los días.
Pero, para que Mi Inmaculado Corazón triunfe y que allí reine la paz, como en todos los países del Medio Oriente, necesito que más seres vivan la oración verdadera, confirmen su unión con Cristo y descubran que el verdadero tesoro es la vida espiritual, que trasciende la materia y todo lo que ella ofrece.
Necesito también, hijos Míos, algo más que sus oraciones; necesito que se conviertan en verdaderos apóstoles de Cristo, que no teman vivir según Sus Palabras, según Su Voluntad y que anuncien al mundo, con ejemplos, la posibilidad de vivir la paz.
Quisiera despertarlos del sueño en el que viven y demostrarles que aún es muy poco lo que le entregan a Dios, ante la gran necesidad del mundo. Aún insisten, hijos Míos, en ser niños en la vida espiritual, cuando el Armagedón planetario los invita a actuar como adultos espiritualmente .
Por más que creen que viven la vida del espíritu, sus ejemplos demuestran que aún hay mucha resistencia en su interior. Y les digo estas cosas porque hicieron un compromiso con Dios de ser los que impulsan la transformación del planeta; es por eso que Yo los ayudaré, por ese compromiso que hicieron en el principio y que no se puede perder en las pequeñeces de sus vidas.
Mientras el tiempo se acelera y los días van perdiendo sus horas, necesito que cumplan con su misión. Hoy, les muestro a los ojos de sus corazones la realidad planetaria para que así, hijos Míos, despierten a la verdad, maduren sus espíritus y ya no piensen tanto en sí mismos, en su propia comodidad y en su propio bienestar, cuando es tiempo de servir, de entregar hasta la última gota de sudor, en nombre de Aquel que un día sudó sangre por Amor a la humanidad.
Aquel, que es el ejemplo de sus vidas, dio hasta la última gota de Su Sangre y perdonó cada una de Sus Llagas, convirtiendo Sus heridas en Fuente de Misericordia para el mundo entero, como también para el cosmos. Es por eso que se tornó Rey y hoy los invita a imitar Sus pasos, porque Su sacrificio no fue suficiente para convertir este mundo como Dios espera.
Hijos Míos, los envié a Medio Oriente para que vieran con sus propios ojos lo que el enemigo causa en el interior de los seres: el dolor y el sufrimiento, el miedo y el rencor, que con mucha dificultad serán arrancados de esos corazones humanos solo con el esfuerzo de todos, con la oración, con el servicio, con el sacrificio tan temido por esta humanidad y que, en verdad, no es nada más que su posibilidad de unirse a Cristo y a lo que Él representa para toda la Creación.
Hoy, sobre este altar, les muestro las realidades del espíritu, que superan lo que ocurre en la materia, y hago eso para que, como humanidad, oren Conmigo e intercedan por este mundo, porque no basta que Mi Divino Corazón le clame a Dios; Él necesita escuchar la voz de los hombres, invocando Su Misericordia, orando tal como Su Hijo les enseñó, para abrir las puertas del Cielo y volver a unir el corazón humano con Su Corazón Sacratísimo.
Oren Conmigo, acompáñenme con el corazón, con el alma y con la consciencia.
En ese momento, la Madre Divina pidió que uno de los sacerdotes presentes orara el Padre Nuestro y el Ave María en árabe.
Si oraran de corazón todos los días, muchas cosas ocurrirían de forma diferente en este mundo. Si no oraran solo con la boca o con la mente, sino con el corazón, si clamaran a Dios, si suplicaran por Su Divina Misericordia, ofreciendo el sacrificio de Su Hijo y la renovación de ese sacrificio en la Eucaristía, muchos males de este mundo podrían convertirse.
Pero la humanidad aún se interesa más en permanecer en la propia comodidad, en vivir las propias aspiraciones que en convertir la existencia de este mundo, en convertir el sufrimiento, la angustia, las tinieblas en luz, en amor y en paz, en el establecimiento del Reino de Dios.
Reflexionen, hijos Míos:
¿Qué es lo que les impide entregar todo y tornarse verdaderos servidores?
¿Será que no creen en Mis Palabras o no comprenden verdaderamente la urgencia de los tiempos?
¿Será que no los toca el sufrimiento de sus hermanos?
¿Será que no ven la necesidad del mundo, de los que mueren a su lado, tanto en la materia como en el espíritu?
¿Qué es lo que hacen cuando pasan delante de un pobre en la calle? ¿Piensan que es un espíritu creado por Dios, que vino a este mundo para cumplir una misión, para vivir la redención y aprender a amar, o detienen el pensamiento para no pensar y no sentir nada y solo ser indiferentes a lo que viven?
Hijos, un día el Armagedón tocará a las puertas de sus casas y los esperará prontos. En esa hora, querrán que existan seres, entregados por amor, que los ayuden cuando lo pierdan todo. Querrán que existan almas que entregarán sus vidas a Dios para orar por ustedes y que sus almas tengan la oportunidad en el Reino de los Cielos.
Medio Oriente, como muchos lugares de este mundo, ya necesita de sus oraciones. El Armagedón ya llegó en el plano físico para ellos, no es solo espiritual o mental.
¿Harán brotar la Misericordia de su interior y dejarán que la necesidad de sus hermanos sea mayor que la propia? ¿Percibirán la necesidad de los que ya padecen en este mundo o permanecerán orando por las enfermedades propias y solo orando de corazón cuando sea por sus familias?
¡Necesito de consciencias que vivan por la salvación de este mundo, no de uno o dos, de todos! Y, para que su oferta pueda llegar al planeta, debe ser una oferta verdadera, completa y absoluta.
Dejaré que Mis Palabras resuenen en sus corazones y espero que realmente Me hayan escuchado.
Ahora, llamaré a estas almas pequeñas que decidieron profundizar en su oferta a Mi Inmaculado Corazón y, en esta noche, les pediré que reflexionen verdaderamente si están dispuestas a vivir cualquier cosa para establecer Mi Paz, si vencerán los conflictos en sus vidas, en sus familias y en su día a día para ser verdaderos pacificadores, si establecerán la paz a través del ejemplo propio, si no temerán usar esta camiseta, símbolo de Mi Manto sobre sus cuerpos, cuando llegue la hora de confirmar la propia fe.
Un soldado, hijos Míos, no se quita su uniforme en la hora de la batalla, él da la vida por el propósito que debe cumplir.
Mi Inmaculado Corazón está creando un ejército de paz, con almas que no temerán sufrir o perderse a sí mismas para establecer esa paz en el mundo. Quiero que sepan eso y que, al levantar las manos para consagrarse como Hijos de María, sepan lo que están haciendo. Yo siempre los fortaleceré, siempre los guiaré, acompañaré sus pasos, pero también les pediré que se confirmen y que sean verdaderos en el compromiso que realizaron Conmigo.
Es por eso que hoy los bendigo y reconsagro sus almas porque, verdaderamente, todos los Hijos de María ya están consagrados a Mi Corazón desde el principio. Cuando se arrodillan en Mi altar, solo están confirmando que aceptan vivir la redención. Que, un día, puedan difundir este propósito y que muchas almas se inspiren por su consagración. Den el ejemplo al mundo de entrega, de transparencia, de simplicidad, de paz. Muestren el camino hacia Mi Reino, con oraciones y también con acciones.
Yo los bendigo y les pido que no se olviden de lo que les dije. Eleven sus ofertas a Mi altar, escucho sus peticiones. No teman pedir, porque Yo les concederé siempre y cuando sean consecuentes con su fe; pero no pidan solo por sí mismos, pidan también por el planeta, porque Dios está escuchando. Hablenle al Corazón del Padre como no le hablaron el día en que Él los esperó.
Dios aún se silencia, porque Él es el propio Silencio. A pesar de la indiferencia de la humanidad, Su Corazón jamás dejó de derramar Amor sobre el mundo, y Él sigue esperando la respuesta de las almas de esta Tierra.
Mientras Me elevo, oren una vez más al Padre Celestial, para que Yo pueda llegar a los pies de Su Altar con la oferta de la humanidad.
Hoy, les pediré una consagración diferente, que se consagren por este planeta y no solo por ustedes mismos. Por eso, mientras Me elevo, les pediré que canten el Padre Nuestro en árabe y que, así, le envíen al Señor la confirmación de que aspiran a estar a Su lado y cumplir con Su Plan.
Los espero y los escucho.
En ese momento, los presentes escucharon a los miembros del monasterio entonar el Padre Nuestro en árabe.
Los bendigo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Hermana Lucía de Jesús:
Hermanos, solo queríamos compartir con todos, como María nos pidió, que, desde el principio de la oración, Nuestra Señora ya estaba trabajando en Medio Oriente. Fue por eso que los ángeles nos pidieron que cantáramos el Ave María en árabe.
Y, durante toda la oración, veíamos que Ella estaba allá, no solo en Siria, sino también en otros países, en el medio de los conflictos, irradiando Su Paz, como si anduviera disfrazada entre las personas que vivían allí.
Cuando llegó, Ella tenía una ropa diferente, era como si usara un traje musulmán, con pañuelos que le envolvían la cabeza, pero que permitían ver el rostro que no estaba cubierto. Era una ropa de color azul un poco más oscura y tenía algunos detalles blancos.
Yo veía, atrás de Nuestra Señora, algunos lugares de Medio Oriente, situaciones bien difíciles porque Ella nos mostraba, no solo lo que ocurría en el plano físico, sino también al mismo tiempo nos mostraba lo que ocurría en los planos espirituales. Ella nos decía que estaba haciendo eso para madurar un poco nuestra consciencia, como Ella siempre hace, para que pudiéramos tener la necesidad del mundo como algo un poco mayor que nuestra propia necesidad.
Y, cuando orábamos el Padre Nuestro en árabe y las Ave Marías, Nuestra Señora oraba con nosotros, y también los ángeles oraban con Ella y arrancaban de algunos lugares del Medio Oriente muchas criaturas espirituales negativas. Eran imágenes bien fuertes que compartimos con todos porque Nuestra Señora nos lo pidió. Ella retiraba esas criaturas, a veces de desiertos, a veces de adentro de las casas de las familias o de reuniones de grupos políticos y religiosos, y continuó haciendo ese trabajo hasta el final de la Aparición.
Ella seguía trabajando en Medio Oriente mientras hablaba con cada uno de nosotros, mientras intentaba despertar nuestra consciencia. Y ahora, al final, cuando pidió que los hermanos cantaran el Padre Nuestro en árabe, vi el planeta desde arriba; es difícil de explicar porque, al mismo tiempo que Nuestra Señora aún estaba presente, yo veía esa imagen del planeta y cómo del universo comenzaba a descender una Luz blanca intensa, y era como si nuestra consciencia fuera entrando hacia adentro el planeta y viendo cada vez con más detalles la superficie de la Tierra.
Esa Luz venía como un sol blanco, con la energía de la Consciencia de Dios, hasta llegar sobre Medio Oriente. Y yo percibía Medio Oriente muy oscuro, destruido, y esa Luz comenzaba a recorrer los espacios; se dividía, se multiplicaba en pequeñas Luces que comenzaban a ingresar en los hogares, en las escuelas llenas de refugiados, en los hospitales, e iban colmando el interior de las almas.
Y era algo que sentíamos que realmente era muy sublime, que trascendía esa imagen, porque Nuestra Señora también nos hacía sentir la Presencia de Dios allí. Y, cuando ese momento se fue cerrando, Nuestra Señora nos decía que esperaba que oráramos siempre así, ante Su Presencia, con Ella, para que la Consciencia de Dios siempre pudiera descender sobre el planeta.
Y, en el momento en que Ella nos pidió que habláramos con Dios, nos mostró por detrás de Ella los diferentes portales que llevaban hasta el cosmos. Y también es difícil de explicar, pero era como si la Consciencia de Dios estuviera allí, observándonos; no era una persona, no tenía una forma material como nos imaginamos. Era solo una Vida, una Luz, que sentíamos que nos observaba y que nos escuchaba. Él no tenía una forma, pero estaba en todo al mismo tiempo y, en ese momento, escuchó lo que cada uno de nosotros le dijo.
Los dejamos a todos con las Palabras de María en el corazón y con este relato que esperamos que amplíe lo que Ella nos dijo.
Que todos podamos permanecer con Nuestra Señora en el corazón.
¡Gracias, Madre, por cuánto nos das!
Queridos hijos, quisiera verdaderamente que toda la humanidad conociera los desiertos por los que caminé, por los que sigo caminando para auxiliar a Mis amados y pequeños hijos que intentan huir del terror que se apoderó de sus casas y, muchas veces, de sus corazones.
Quisiera que todos los que confían en Mí pudieran ir al Medio Oriente para ver con sus propios ojos la realidad del planeta y ayudar con sus propias manos a los que ya perdieron la esperanza de seguir viviendo en este mundo.
Quisiera tener en el campo de refugiados un gran ejército celestial que, vestido con Mi Manto, irradiara silenciosamente Mi Paz. Pero eso lo harán con sus corazones, con sus oraciones más sinceras.
Digo que quisiera verlos allí, físicamente, porque para muchos esa es la única forma de despertar la consciencia. Existen aspectos ocultos de sus seres a los que no les basta la oración para que vivan la transformación. Necesitan ver y sentir, en carne propia, que el fin de los tiempos ya se aproxima; que el Armagedón ya se inició, no solo en el espíritu y en la mente de los seres humanos, sino también en la vida material de muchos.
Si descubrieran, hijos Míos, el verdadero poder del verbo orante, no necesitarían ir hasta Medio Oriente para que Mi Misericordia se derramara, pero aún son inmaduros en la vida del espíritu. Y, para que Me abran las puertas de sus corazones y de sus consciencias, necesito que vivan una experiencia que los transforme por completo.
No será como en África, donde encontraron un dolor secular, un dolor que nació de la indiferencia de la humanidad, del abandono, de la falta de amor. En Medio Oriente, hijos Míos, encontrarán los frutos del caos y del mal, que intentan triunfar más allá de Mi Inmaculado Corazón, pero que no lo conseguirán, porque enviaré a Mis soldados adentro de este reino de tinieblas para aliviar el dolor de aquellos hijos Míos que fueron tocados por el frío del miedo, del terror, del desamparo.
Quiero que todos los seres orantes acompañen esta misión con la consciencia absoluta de que sus hermanos estarán ingresando, en Mi nombre, en tierras que un día pertenecieron a Dios, pero que poco a poco están siendo tomadas por la oscuridad.
Yo iré, con Mis hijos, a rescatar a los corazones perdidos y necesito que ustedes Me acompañen. Quiero, con los simples actos de servicio y caridad, arrancar del trono del mal a aquel que cree que tiene más poder que Dios.
Aun silenciando Su Sagrado Corazón, el Poder del Creador se irradia profundamente a todas las cosas. Quisiera contar con hijos más maduros, dispuestos a trascender las leyes y tendencias de este mundo, para vencer todos los días la indiferencia que la humanidad común ya vive de una forma tan normal.
Hijos, quisiera despertar en esta noche sus consciencias a la realidad planetaria, pero también a la vida superior para que fortalezcan, en la llama del Espíritu de Dios, las pequeñas llamas de sus esencias, para que así sean suficientemente fuertes para permanecer en este mundo como si no pertenecieran a él; para vivir, en un tiempo de caos, irradiando la paz de sus corazones sin nunca perder la certeza del triunfo de Dios, independientemente de lo que suceda a su alrededor.
Pero, para que puedan vencer las leyes de la Tierra y vivir bajo las Leyes Divinas, que retiran sus mentes de las irradiaciones e influencias de este mundo, necesitan ser perseverantes y esforzarse un poco más para no ser tan comunes como los que no Me conocen.
Cada uno sabe lo que necesita transformar en su vida y aquellos permisos que aún le dan a la propia consciencia de no vivir el amor, la fraternidad y la unidad con Dios para afirmar la propia voluntad.
Hoy, les pediré que vuelvan a leer las Palabras que Yo pronuncié en la mañana de hoy, porque Yo les mostré la realidad del planeta, lo que más le preocupa a Mi Inmaculado Corazón en este tiempo y, como Madre de los refugiados, los llamé a auxiliarme, humildemente, para que esta misión se cumpla, y también les mostré la realidad del universo, el Silencio de Dios como respuesta a lo que ocurre en el mundo, el Silencio que estremece el corazón de todas las criaturas en el Cielo.
El Silencio del Creador parece eterno y deben aprender a sentirlo, porque tiene la intención de hablarles a los corazones humanos. Ya no hay criatura en el universo que conozca el desenlace del Plan de Dios y, en Su Silencio, el Señor quiere revelarle Su Verdad directamente al corazón humano como última alternativa para que despierten al cumplimiento de Su Plan.
Sé que muchos vienen, a Mi encuentro, buscando una solución para sus vidas, para sus problemas y sufrimientos. Sé que muchos quieren escuchar Mi Voz para encontrar aquí un aliento, un amparo para las situaciones que ya no saben cómo superar y, sin embargo, hijos Míos, Yo les muestro la realidad del mundo, Yo coloco una necesidad mayor por encima de sus pequeñas necesidades; porque aprenderán a superar los obstáculos de sus vidas, descubriendo que existen obstáculos mayores en la vida de sus hermanos. Y es auxiliando al prójimo que los problemas propios se disuelven y desaparecen.
Si quieren una respuesta o un alivio para sus dolores, alivien el dolor de los que viven a su lado y también muy distantes.
Busquen servir y pronto verán cómo desaparecerán todos los males de sus vidas.
Busquen encontrar a Dios, sentir Su Divina Consciencia y descubrir la capacidad de unidad con Él, que es única en sus corazones.
Cuando comiencen a sentir Su Presencia dentro de sus esencias, nada más les importará. Disolverán su pequeñez en la grandeza del Creador y solamente aspirarán a retornar a Su Reino.
Quiero llamar aquí a los que se consagrarán como Hijos de María y quiero decirles que se están sumando a un ejército de paz que estará amparado por Mi Corazón, al que le daré todo, pero también le pediré todo.
De los Hijos de María, buscaré el esfuerzo, les pediré la total transformación, les pediré que venzan el parecer propio para cumplir con la Voluntad de Dios; les pediré que venzan el propio cansancio cuando llegue la hora de orar sin cesar; les pediré que clamen por el mundo, aun cuando aquellos que más aman estén necesitando sus oraciones; les pediré que se unan a Dios, aunque a su derecha y a su izquierda este mundo parezca desaparecer. Les pediré que se mantengan en paz y que irradien paz al mundo cuando la desesperación se apodere del corazón de muchos.
Por eso, los consagro, los bendigo y los acojo en Mi Manto todos los días, cada vez que vengo a este mundo. Necesito que muchos Hijos de María impregnen la Tierra, que Mi ejército se expanda por los cuatro puntos del planeta, porque todo el planeta necesitará de aquellos que den testimonio de Mi Presencia, de aquellos que anuncien una esperanza, de aquellos que no permitan que se apague la llama en el corazón de sus hermanos, de aquellos que sostendrán a otros de pie, con la cabeza erguida y los ojos abiertos, para ver el Retorno de Mi Hijo cuando Su Luz brille en la oscuridad y traiga nuevamente el Sol a este mundo.
Esos deben ser los Hijos de María, aquellos con los que puedo contar a cualquier hora, en cualquier lugar. Sé que muchos no comprendían lo que estaban haciendo cuando levantaron sus manos y se ofrecieron para consagrar sus almas a Mi ejército de amor.
También sé que, ante estas Palabras, muchos no se sienten preparados para vestir Mi Manto sobre sus cuerpos. Pero Yo les digo, Hijos Míos, que la preparación vendrá cada día, poco a poco, cuando Mi Corazón los fuera formando, construyendo en su interior la fortaleza que amparará a otros, que acogerá a muchos.
Por eso, no se preocupen, no se sientan indignos de estar ante Mí, no tengan miedo de decirme sí, porque Yo los ayudaré siempre cuando estén dispuestos a responder a Mi llamado.
Ahora canten, para que la alegría nunca se pierda. A pesar del dolor del mundo, la alegría debe permanecer en sus corazones, transmutando y trascendiendo el sufrimiento, haciendo sonreír a los que solo conocen el dolor.
Nunca pierdan, hijos Míos, la capacidad de sonreirles a los que se entristecen. Nunca pierdan la alegría y la voluntad de acoger en sus brazos a los que necesitan un poco de esperanza. Dios se encuentra en la sonrisa de los puros y establece Su Reinado en los mansos de corazón.
No es que serán indiferentes y sonreirán ante el sufrimiento del mundo. Lo que estarán haciendo, hijos, es abriéndole una puerta a Dios, porque el enemigo espera verlos tristes, sin esperanza, sin amor, pero ustedes permanecerán alegres porque, a pesar de todo, la certeza del triunfo de Dios nunca desaparecerá de su interior.
Sabrán que, en el momento de mayor tribulación en el mundo, cuando todo parezca perdido, el Cielo se abrirá y aquel que un día les sonrió buscará una sonrisa, una sonrisa pura y verdadera, un respiro, el aliento de finalmente encontrar al Rey del Universo.
Les agradezco y les pido que despierten a la verdad de sus corazones.
Que escuchen a Dios que, en silencio, quiere encontrarlos en sus esencias.
Prosigan en paz y en profunda alegría por haberse encontrado Conmigo.
Les agradezco.
Asociación María
Fundada en diciembre de 2012, a pedido de la Virgen María, Asociación María, Madre de la Divina Concepción es una asociación religiosa, sin vínculos con ninguna religión institucionalizada, de carácter filosófico-espiritual, ecuménico, humanitario, benéfico, cultural, que ampara a todas las actividades indicadas a través de la instrucción transmitida por Cristo Jesús, la Virgen María y San José. Leer más