Aparición reservada de María, Rosa de la Paz, en la ciudad de Tusayan, Gran Cañón del Colorado, Arizona, Estados Unidos, al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón de Jesús

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Hoy la voz de su Madre Celeste emerge desde el desierto, en un lugar lejano del planeta para ustedes y que Dios les ha dado hoy la oportunidad de conocer para que ese lugar se pueda revelar y mostrar al mundo.

Por esa razón, vengo de ese lugar y desde ese espacio para pronunciar la Palabra de Dios, para traer a las almas la revelación interior que proviene del Universo y de la Vida Cósmica.

Desde ese lugar, Yo traigo el mensaje para todos, para que lo puedan sentir, percibir y reconocer, sabiendo que son tiempos en los que la humanidad deberá volver a ubicarse en el Plan del Padre, después de haberse apartado durante mucho tiempo, de haberse alejado de la Ley y del cumplimiento de los Mandamientos.

Es por esa razón que hoy vengo desde el Gran Cañón del Colorado, en donde la historia de la humanidad está guardada en su más profundo e interno silencio, en donde la naturaleza y principalmente el Reino Mineral revela ese mensaje para todos, con la potencia y el poder de su expresión, de su belleza y de su hermosura.

En ese lugar hubo muchos acontecimientos, una de las primeras civilizaciones allí surgió, una civilización que mantenía un contacto con Dios y que sabía cuál era la esencia del Plan de Dios y de su cumplimiento en la superficie.

Dios les mostró a ellos, de esa forma, Su Divina Voluntad para que la pudieran vivir y cumplir conforme Él lo había pensado.

Es una civilización desconocida para todos y aún no revelada para el hombre de superficie, pero que sí existió desde tiempos remotos, en los que la humanidad vivía un proceso fluido de contacto con su mundo interno y el Universo.

Desde allí provenían las sagradas instrucciones para toda esa civilización que alcanzó grados importantes de evolución y, sobre todo, de sabiduría. Experiencia que los llevó no solo a comprender la vida y la existencia, sino también los llevó a ingresar en otra escuela, en otra dimensión en otro plano de consciencia, en donde ya no era necesario vivir lo que se vive en la superficie de la Tierra, en donde ya no era necesario servirse de lo que es material y concreto, sino que en ese ingreso de toda esa consciencia grupo comenzaron a vivir de lo espiritual, de lo cósmico y de lo divino.

Y a partir de allí comenzaron a dar pasos importantes, no solo en su despertar, sino también en su evolución; pasos individuales y también grupales porque la esencia de todo ese acontecimiento era la unidad, la unidad de grupo, la unidad de almas, la unidad de consciencias.

Eso llevó a que esa civilización tan simple, pero profundamente contactada, viviera y conociera las leyes del Universo y todos los tesoros que guarda el Universo Mayor, y que se encuentran dentro de las diferentes galaxias, estrellas y soles.

Esa revelación se llegó para ellos, esa revelación se mostró para ellos de una forma clara y nítida. El impulso de la instrucción y del conocimiento los llevó a dar ese gran paso por toda la humanidad, aun por la humanidad presente, por la humanidad actual, aunque ustedes no lo crean.

Ellos sabían que llegarían generaciones futuras que vivirían grandes pruebas y desafíos, grandes acontecimientos y aprendizajes y, aun alcanzando ese grado tan alto de consciencia y de contacto, decidieron permanecer en el planeta para poder salvaguardar y proteger la esencia del proyecto de la humanidad y de su evolución.

Ellos así conocieron los dones del Espíritu Santo, y la ciencia se mostró en el camino de ese pueblo sagrado, de esa civilización que encontró un sentido más profundo de estar presente en el planeta para vivir la Voluntad de Dios y los designios mayores.

Pero esa historia no terminó allí, porque aún esa historia, ese acontecimiento y esa escuela se sigue viviendo hasta los tiempos de hoy. Ese sagrado pueblo y civilización se encuentra allí viviendo esa experiencia de evolución y de despertar de la consciencia, y como grupo de almas, como grupo de consciencias, siguen emitiendo y emanando esos principios para toda la humanidad, la humanidad más ignorante e inconsciente de estos tiempos.

¿Ese pueblo ya es una hermandad? Una hermandad aún no conocida ni revelada. Es más que una hermandad, es una fraternidad universal e interna, una fraternidad espiritual que también vivió su experiencia y dio sus pasos a través de la donación de sí y de la entrega de sí a la Voluntad Mayor.

Pero llegó el tiempo, hijos Míos, de que la humanidad de superficie tome contacto con estas realidades y que pueda ser retirada del sueño profundo de la ilusión y de la ignorancia que coloca a todas las consciencias a través de las modernidades y de la indiferencia.

Todos los pueblos sagrados, que atravesaron la escuela del planeta, se mostrarán en los próximos tiempos desde los planos internos, para que las almas que están en la superficie del planeta y que también viven la misma escuela de evolución, puedan servirse del conocimiento que ellos vivieron y aprendieron y que sigue siendo un conocimiento eterno que los lleva a expandir aún más sus consciencias y los lleva a elevar, a trascender y a sublimar el código genético humano que debe seguir alcanzando, así como lo alcanzó Cristo, Su gran expresión de Amor y de donación.

Ese pueblo sagrado, del Gran Cañón del Colorado, sigue aprendiendo aún muchas cosas de la propia Jerarquía y muchos ya ingresaron en nuevas escuelas de instrucción y de conocimiento, para ampliar su consciencia cósmica y, así, poder seguir abrazando el Plan de Dios en sus diferentes manifestaciones de Universo.

Que seres humanos de la superficie de este planeta y de otros tiempos hayan alcanzado ese grado de despertar impulsa a la humanidad precaria de hoy a buscar ese mismo nivel de consciencia y de despertar, aunque sea silencioso y en recogimiento. Porque ese pueblo sagrado vive su retiro permanente en el Gran Cañón del Colorado, pero también vive su actividad inteligente que le proporciona el Espíritu Santo, dentro de Su servicio de amor a la humanidad.

Es de esa forma, hijos Míos, que ellos nunca perdieron sus raíces ni su cultura. Toda esa escuela y experiencia la llevaron consigo para presentarla y compartirla con las Consciencias Mayores del Universo, con los grandes regentes de la Hermandad Celestial.

Todo fue complementado y todo fue comprendido. Y esto hace posible que el proyecto humano sea comprendido y conocido en el resto del Universo como una experiencia posible de redención, de perdón, de conversión y, sobre todo, de amor, de un amor que se expande, de un amor que se vive, de un amor que lleva a las consciencias a aceptar el Plan de Dios y a cumplirlo más allá de sus posibilidades o de sus comprensiones.

Ese pueblo sagrado del Gran Cañón del Colorado espeja hacia la humanidad lo que la humanidad necesita encontrar espiritualmente en estos tiempos. Y es su fin, su intención y propósito, que la mayoría pueda alcanzar y contactar lo que ellos alcanzaron y contactaron en su simplicidad y entrega.

Ahora, que ya tienen consciencia de todo esto y que la ilusión se apartó de la visión humana, es que encuentran la verdad de la existencia y la historia real de toda su civilización del planeta desde los primeros tiempos. Es tiempo, hijos Míos, que impulsen a la humanidad por el mismo camino, por el camino de alcanzar esa misma evolución a través de la vida grupal y de la conexión verdadera con lo Alto.

Así, la Esencia de la Voluntad de Dios será más conocida y comprendida por los hombres y mujeres de Tierra, y la ignorancia ya no los abrazará, sino que comprenderán el sentido de estar aquí, encarnados en este mundo y en este tiempo, para dar continuidad a lo que Dios necesita, dentro de esta experiencia y de esta civilización humana, que no puede seguir deteriorándose ni destruyéndose a sí misma, sino que debe abrazar la visión del Propósito y de las metas que coloca el Padre Eterno para cada grupo de almas, dentro de Su universalidad y de Su Consciencia divina.

Así, formarán parte de una gran fraternidad y se sentirán parte de una gran existencia, que no tiene ninguna condición humana y que no se restringe a los procesos internos ni tampoco mentales, sino que en la profunda espiritualidad de la vida y de la ciencia todo es comprendido y evoluciona.

Desde el Gran Cañón del Colorado, hoy su Madre Celeste se anuncia y se presenta al mundo para que sepa que está a tiempo de recuperar su civilización, sus raíces y su cultura, sus aprendizajes evolutivos y, sobre todo, su contacto con lo Alto, el contacto que alimenta el espíritu de cada ser y que proviene a través de los impulsos de la Jerarquía de un único y absoluto contacto que viene de la Ley de la Jerarquía, de la cual todos se pueden servir y aprender para estar en el camino correcto y no en otros, no en otros caminos.

Este es el tiempo de tomar consciencia de la verdad y de que sepan que todos Mis hijos son llamados a dar continuidad a esta civilización humana que debe abrazar el Propósito, para que él se pueda expresar y cumplir en estos tiempos, para que el planeta pueda ser regenerado, para que la humanidad pueda ser redimida y curada de todo lo que ha vivido a través de los tiempos, porque aún hay mucho por hacer, aún hay mucho por realizar y llevar adelante.

Pero colocando sus consciencias en ese nivel de evolución y de contacto, sus miserias se disolverán, sus problemas terminarán y colocarán su corazón al servicio de lo Alto, un corazón que será impulsado siempre a encontrar la verdad y el sentido de su existencia dentro de este Universo y dentro de esta escuela planetaria.

Y eso es también parte del Proyecto redentor de Mi Hijo, que llega dentro del ciclo de las revelaciones divinas de la Jerarquía Espiritual.

Recuerden entonces, hijos Míos, todo lo que pasó aquí, en el Gran Cañón del Colorado, y que aún sigue repercutiendo a través de los tiempos y de las generaciones para que la humanidad no pierda el sentido de su propósito y de la esencia de estar aquí, en este planeta.

Con este anuncio, Yo los llevo de la mano y los conduzco para que puedan alcanzar nuevas escuelas, escuelas más profundas de amor y de donación, de entrega y de confianza en la guía absoluta del Padre Eterno.

Desde el Gran Cañón del Colorado les hago reencontrar a las almas el sentido de sus orígenes, de sus orígenes de la Tierra y de sus antepasados, que vivieron la experiencia del amor y de la hermandad.

A través de este impulso Yo los bendigo para que sigan el mismo camino, y por más que no sepan cómo hacerlo, que permitan que sus mundos internos los puedan guiar al mismo nivel de contacto, de sabiduría y de comprensión, como el pueblo sagrado del Gran Cañón del Colorado lo vivió y lo sigue viviendo a través de los tiempos.

Yo les agradezco, sinceramente, por responder a Mi llamado.

Los bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, PAYSANDÚ, URUGUAY, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Yo Soy Nuestra Señora del Carmen, Yo Soy Aquella, hijos Míos, que hace tantos siglos inspiraba el corazón humano a la vida de soledad y de contemplación con Dios.

Yo Soy Aquella que los hacía cruzar los desiertos, esconderse del mundo en cavernas, para encontrarse así con el Creador de todas las cosas y reconocer en Él la esencia de toda la vida, de todas las criaturas.

Yo Soy Aquella que les extiende la mano y que, de una forma muy simple, les promete la vida eterna en el Paraíso de Dios. Soy Aquella que los protege y los consagra con Mi Escapulario de Luz, símbolo de Mi protección y del compromiso de todas las criaturas Conmigo.

Yo Soy Aquella que los invita al silencio, a la contemplación, a profundizar en el propio mundo interior.

Yo Soy Aquella, hijos Míos, que de tiempo en tiempo renueva la oferta a la humanidad para la unión con el Divino.

Hoy, vengo como Nuestra Señora del Carmen, no solamente porque en este día se conmemora esta Divina Faz Mía. Hoy, también vengo como Nuestra Señora del Carmen porque en este altar vi los escapularios que colocaron para recibir Mis códigos de vida y, así, proteger nuevas almas. Quiero que vengan hasta aquí los que colocaron esos escapularios en el altar

Hoy, les agradezco, en nombre de la humanidad, porque confiaron en Mi Corazón; les agradezco, como consciencia humana, porque le están enviando un símbolo a Dios de que aspiran a vivir bajo la protección y la guía de su Madre Celeste. Como Nuestra Señora del Carmen, bendigo estos escapularios para que sean símbolo de la renovación de Mi protección sobre el corazón humano.

A través de estos escapularios, hijos Míos, no solo sus vidas, sino también sus familias estarán protegidas por Mi Manto; y, así, como lo prometí hace tantos siglos, hoy vuelvo a prometerles que, después de esta vida, los llevaré Conmigo a Mi Reino para que sigan aprendiendo a encontrar al Creador y a evolucionar con Él en nuevos mundos.

Hoy, quisiera renovar los escapularios de luz que todos llevan en sus cuellos. Que no se olviden, hijos, de que esos escapularios los unen Conmigo y que ellos van mucho más allá de algo material que llevan sobre sus cuerpos. Cuando usan un escapulario están anunciándole al mundo que confían en su Madre Divina, que confían en Su promesa y en Sus Palabras o que, por lo menos, aspiran a confiar.

Hoy, como Nuestra Señora del Carmen, renuevo Mi protección sobre las naciones del mundo que aún confían en Mí, que piden Mi intercesión todos los días, que aspiran a consagrarse un día y a ser dignas de recibir el Reino de Dios sobre su suelo.

Con este escapulario sobre sus cuerpos, hijos, les pediré que no solo esperen encontrarse Conmigo en otra vida, en la vida eterna, sino también que construyan en este mundo un espacio de paz, de fraternidad, capaz de recibir en sí la vida superior.

Como Yo los amo, siempre aspiro a consagrarlos; por eso, hoy nuevamente los consagraré y los bendeciré para que sean dignos compañeros de Mi Hijo y construyan en sus familias, en sus hogares, cenáculos de oración en donde Cristo se torne victorioso.

En este día, de una forma especial, bendeciré a las familias, a todas las familias que en esta hora Me escuchan; y aquellas que tienen fe en Mi Presencia recibirán Mi auxilio para unir lo que está separado y reconciliar a los corazones que se separaron por la astucia de Mi enemigo o por los errores del pasado. A las familias que confían en Mí, Yo las uniré, para que cumplan el Propósito Divino de construir la nueva familia, la familia universal sobre la Tierra.

Con las palmas de Mis Manos dirigidas hacia la Tierra, derramo sobre ustedes los códigos que alcancé en vida, junto a San José Castísimo y al pequeño Niño Jesús. Que, así como Nuestra Santa Familia, sus familias se tornen sagradas y reconozcan, así, que la vida en la Tierra debe tornarse sagrada, porque dentro de cada ser humano existe algo único: la Presencia del Divino, de Dios Altísimo que silencioso espera poder expresarse.

Con esta Gracia que hoy les entrego, les pediré, hijos Míos, que den testimonio de los milagros que realizaré en sus vidas, no solo con la palabra, sino también con la transformación. Espero que le agradezcan a Dios por todo lo que Él construirá día a día en sus hogares. Que esa gratitud se exprese en actos de misericordia, de servicio, de caridad, de compasión y de unidad con el prójimo.

Que puedan ayudar a otras familias a encontrar a Dios; que puedan ayudar a aquellos cuyas familias fueron destruidas, a los niños que ya no tienen padres, a las mujeres que están solas, luchando inclusive consigo mismas para ser madres de sus hijos.

Con la Gracia que hoy deposité en sus consciencias, lleven la maternidad que Yo alcancé cuando tenía en Mis Brazos al pequeño Jesús.

Hijos, ¿por qué lloran?

Si Yo les entrego una Gracia absoluta, lo mejor que hay en Mi Reino, sonrían como hoy Yo les sonrío a ustedes. Hoy, Mi Corazón se alegra junto a sus almas, por el despertar de sus consciencias. En los tiempos que vendrán, una grandiosa misión los aguarda, como también a cada corazón humano que, en este tiempo, despierta a la Verdad Divina.

Que hoy todos los que Me escuchan se regocijen y se alegren, abran sus corazones y eleven sus almas hacia Mis Brazos; porque de esa forma, hijos Míos, les concederé una nueva vida, el inicio de un nuevo ciclo, y los esperaré firmes para que sean persistentes ante las pruebas que vendrán.

Hoy, coloco en sus manos estos escapularios y les hago una oferta, la de responder a Mi llamado.

Para que aprendan que Mi ejército siempre debe crecer, hoy consagro nuevos Hijos de María, porque en verdad, hijos Míos, las almas ya se consagraron a Mi Corazón, pero a veces demoran en llegar a Mí, hasta que comprenden que, en la Tierra, deben acompañarme. Y en este día, de esta forma simple, los bendigo, los consagro, y los preparo para un nuevo ciclo que comenzará en agosto, ciclo para el cual deberán estar prontos.

Yo los aguardaré, hijos Míos, en esta Tierra Santa, santificada por Mi Presencia, por la Presencia de Mi Hijo y del Casto Corazón de San José. Que, cada día, sus vidas sean santificadas por Nuestra Presencia, porque no solamente estamos aquí, estamos en el hogar de cada uno que nos abre la puerta.

Ahora, canten como Hijos de María y reciban de Mis ángeles la Gracia de la consagración y la bendición eterna.

Les agradezco, y elevaré a los Cielos sus súplicas Conmigo. Pidan, hijos Míos, lo que más necesitan; Yo lo elevaré al Padre y lo colocaré a Sus Pies, para que Él escuche sus plegarias.

Y porque quiero que los grupos de oración crezcan cada día, los congrego y reúno a las almas que deben orar junto Conmigo, auxiliando a la humanidad y a los Reinos de la Naturaleza para que sean salvados a tiempo. Por eso, hoy les pediré que también se consagren a Mi Corazón a Mis nuevas hijas orantes.

Y así, hijos, les agradezco por responder a Mi llamado y porque, en los días que vendrán, estarán a Mi lado. Les dejo Mi Paz y Mi bendición.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Sigan en Paz y permanezcan en Mi Corazón para siempre.

 

Hermana Lucía de Jesús:

Queremos contarles que Nuestra Señora hoy vino como Nuestra Señora del Carmen, con una túnica blanca, un manto marrón, el cabello suelto, las Manos extendidas hacia abajo y escapularios en las dos Manos. Ella vino con el Niño Jesús y, cuando hablaba de la Sagrada Familia, nos mostraba, en un espacio de Su Reino, cómo se aproximaba San José, para realizar juntos una tarea con nosotros.

Cuando María llamó a esos cuatro hermanos, hizo una tarea no solo con ellos, sino con todas las familias que en aquel momento la escuchaban; con las familias de los que están presentes aquí y, como Ella dijo, con la familia de todos los que tenían fe que Ella estaba aquí, que tenían fe en Sus Palabras.

María, San José y el Niño Jesús iban depositando los códigos de la Sagrada Familia en nuestras consciencias para que Ellos puedan ir trabajando en todas las situaciones de nuestras vidas que necesitan de unión, de reconciliación y de paz.

Y después, cuando María llamó a otro grupo de hermanos, Ella quería formar un nuevo grupo de oración y consagrar nuevos Hijos de María, para que aprendamos que Su ejército siempre debe crecer. Ya había sucedido una vez, cuando no hubo consagración de Hijos de María, en que Ella misma los llamó; entonces, hoy Ella volvió a hacer lo mismo.

Queremos dejar, en el corazón de todos, este trabajo que María hizo con cada uno de nosotros. Agradecer mucho la presencia de todos aquí, en el Centro Mariano de Aurora, y también a todos los que nos acompañaron a través de Misericordia María TV.

¡Muchas gracias a todos! Juntos, vamos a agradecerle a María.

¡Somos gratos, Madre, por cuánto nos das!

Quiénes somos

Asociación María
Fundada en diciembre de 2012, a pedido de la Virgen María, Asociación María, Madre de la Divina Concepción es una asociación religiosa, sin vínculos con ninguna religión institucionalizada, de carácter filosófico-espiritual, ecuménico, humanitario, benéfico, cultural, que ampara a todas las actividades indicadas a través de la instrucción transmitida por Cristo Jesús, la Virgen María y San José. Leer más

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