MENSAJE PARA LA APARICIÓN DE MARÍA, ROSA DE LA PAZ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, PAYSANDÚ, URUGUAY, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS, CON MOTIVO DE LA CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE MARÍA, MADRE DE LA DIVINA CONCEPCIÓN DE LA TRINIDAD

He aquí que se abrieron los Cielos y los Señores del Tiempo dieron inicio a un nuevo ciclo para la Tierra.

Los Universos colocaron sus ojos de Sabiduría sobre los hombres, y Aquel que no tiene forma y está en todo contempló con amor a las criaturas de la Tierra.

Hoy es un día más del Silencio de Dios. Pero Su Silencio transmite a los hombres la Serenidad y la Paz del Creador.

Benditos los que ingresen en esta paz y vivan en ella el ciclo que llegará.

He aquí que el Cielo se abrió, como se abre y se abrirá todos los días 31 de diciembre, para anunciar a los corazones humanos una nueva y única voluntad: la renovación del Plan del Creador y Sus designios para las criaturas.

El Cielo se abrió para que la Mensajera de Dios llegara a la Tierra; Su Palabra es como fuego sutil y espiritual que transforma, pero que también pacifica a los corazones.

Que se silencien las mentes y que escuchen los corazones.

Es tiempo de definición, de ver delante de sus ojos los caminos que se presentan, y elegir.

No tengan miedo de seguir; pero sepan, hijos, antes de dar un paso, deben tener en sus corazones la certeza de que es Dios quien guía su caminar.

La humanidad ya creció y conoce las consecuencias de sus acciones, así como de sus pensamientos.

Ya experimentaron lo suficiente la vida sobre la Tierra para saber definir hoy sus propios pasos.

Por eso, delante de los Cielos que se abren sobre la Tierra, encuentren la Mirada silenciosa del Creador que los observa y proclamen ante Él su propia definición.

Llegó la hora del diálogo con Dios, porque el Creador necesita saber con quién contará en este último tiempo.

Su Plan ya no se redefinirá a cada instante, porque los Cielos ya están abiertos y la Misericordia, pero también la Justicia, se preparan para descender al mundo.

Los cálices de la consciencia humana están abiertos y libres para ser colmados con aquello que las consciencias escogieron beber en estos tiempos.

Por eso, hijos Míos, ya no son niños y ya no pueden jugar con la evolución de la Tierra.

No les digo que tengan miedo; no les traigo el terror, sino el Don del Espíritu de Dios, que es la consciencia del temor de apartarse de Su Camino.

Tomen el Don del Temor de Dios y dejen que Él los auxilie en este nuevo y último ciclo, para que sepan mirar en los Ojos de fuego y silencio de su Padre Celestial y declarar su propia definición, su elección para este tiempo.

Con base en esto, hijos, su Padre y Creador diseñará para sus vidas aquel camino que escogieron vivir; porque Su Amor, inalterable, respeta las elecciones de sus criaturas, por más que sean imperfectas y, a veces, muy inmaduras.

He aquí que el Cielo hoy se abre y la Mirada silenciosa de Dios contempla el mundo.

Que las criaturas sepan percibir Su Presencia y no comiencen este ciclo definitivo en la ceguera y en la profunda ignorancia.

Hoy, oren por los que se pierden en los abismos de su propia ignorancia y en las festividades de este mundo, y no perciben que el planeta está agonizando por su indiferencia.

Oren por los que están solitarios, enfermos de espíritu y de corazón, y no encuentran sentido para sus vidas.

Y también oren por los que le dirán “sí” a Dios y comenzarán este nuevo ciclo a Su lado, para que su fe sea mayor que las tentaciones del mundo y la Grandeza y la Fortaleza de Dios tomen el lugar de su pequeñez y de su fragilidad humana.

Yo los amo, los bendigo y los invito a mirar al Cielo que hoy se abre y, mirando a los Ojos del Creador, proclamen su "sí" a Su Amor infinito.

Vuestra Madre, María Rosa de la Paz y Madre de la Divina Concepción de la Trinidad