Apariciones de Cristo Jesús

Abr

17

17 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Hoy estoy con el Padre. Y si el Padre está Conmigo, el Padre está con ustedes. Y si el Padre está con ustedes, Él está presente con Su Poder en la humanidad.

Bendito seas, Señor, porque has creado el agua para purificar Tus criaturas y así, elevar a las consciencias.

Hoy lavo sus manos para que puedan recibir Mi nuevo Plan, esto lo estarán haciendo en nombre de todos.

Bendito seas, Señor, Presente en el incienso. Toda Tu Luz se revela para la liberación de las almas y de todos los espacios del mal, convertidos por Tu Misericordia.

Hoy vamos a hablar, compañeros, del Plan pensado por Mi Corazón. Después de esta purificación y santificación, sus corazones están preparados para recibir Mis designios. Aunque sus vidas sean imperfectas, el Plan de su Redentor deberá cumplirse.

Y ahora este pedido no está solamente en ustedes, sino en todos sus hermanos del mundo, que en esta última Sagrada Semana Me abrieron la puerta para que Yo pudiera entrar y reinar.

Esta es la razón, compañeros, por la que hoy, Adonai está aquí, a través del Corazón vivo de Su Hijo y de Su Consciencia Sacerdotal; así como también están presentes los patriarcas, los grandes guardianes del legado y los vigilantes de los tesoros sagrados del Cielo.

Hoy vengo a unir el tiempo de Moisés, el tiempo de su Maestro y este tiempo, el presente, para llevar adelante la última parte de Mi Obra, a través de todos los impulsos que en este momento provienen del Universo.

Todo forma parte de un designio mayor. Hasta los pequeños detalles forman parte de Mi Plan, para que este se realice en las almas.

Enciendan sus velas armoniosamente, para que este Plan que será revelado sea iluminado en el mundo, a través de Mis Palabras y de Nuestro Santo Padre Adonai.

Escuchen ahora Mi deseo ardiente, que debe ser su deseo, su aspiración, para que siempre puedan estar en Dios y dentro de Su Obra, como lo estuvieron los patriarcas y los antiguos pueblos del desierto; como lo vivieron los eremitas y todos los consagrados, que cerraron las puertas al mundo para ingresar en el templo de sus monasterios y allí adorar a Dios.

Una parte de la humanidad siempre debe ser el arma potente de la consagración; esto permite descender los Universos a la Tierra y que ninguna alma deje de ser permeada por la Voluntad de Dios ni deja de conocerla, así tendrá la posibilidad de cumplirla en su vida material y en su camino espiritual.

Con este preámbulo, vengo a hablarles de Mis designios para estos tiempos, porque estos designios son los últimos, que finalizarán Mi Obra redentora, hasta el momento en que Yo retorne al mundo, para llamar a los rebaños a estar cerca de su Señor y dentro del establo de Su Corazón.

Grandes son los proyectos que tengo para este mundo en crisis. Por eso hoy revelo Mi Faz sacerdotal, porque es la que sustentará estos proyectos y a todos los que se consagren a ellos, según el grado de su escuela y su despertar.

En este último día de la Sagrada Semana, vengo a cerrar un ciclo, junto a ustedes y la humanidad; junto a todos los que Me escuchan, porque sé que saben en su interior, que hay un compromiso que cumplir y vivir.

Recuerden su libertad, pues el Señor no amarra a Sus ovejas. El Señor las llama por su nombre, para que beban de la Fuente de Sus Gracias, del manantial inagotable del Amor. Bebiendo de esa Fuente, los rebaños son señalados por su Señor, y enviados a cumplir el propósito de su Pastor en el mundo. Con esto quiero decirles, que cada uno tiene que cumplir una parte en esta sagrada misión de amor por la humanidad.

Mi Corazón llegará a todos, primero por sus buenos ejemplos; segundo, por su vida de caridad; tercero, por su oración sincera. Estas tres bases construyen a los servidores del Plan y a todos los que en estos tiempos se autoconvocarán para seguirme; que ahora no solo serán dos o tres, o mil, sino millones, que escuchan Mi Palabra y en quienes Mi Verbo resuena en sus internos, en todas las lenguas de mundo.

Los desafíos parecerán imposibles. Los triunfos parecerán inalcanzables. Las metas parecerán difíciles. Pero aquél que está en Mí y en todos sus hermanos, en perfecta unidad y hermandad, todo lo conseguirá.

No tengan miedo de salir al mundo para servirme. Les he demostrado que esto es posible a través de los Misioneros de la Paz. Es hora de que enciendan la llama de su misión personal y grupal. Todos estos Centros de Amor, como en el que hoy se encuentran, deben ser sustentados, apoyados y ayudados, para poder recibir a toda la humanidad.

Su misión ha cambiado y deben percibirlo, porque si así lo perciben, compañeros, podrán acompañar a su Maestro en esta misión planetaria, que ya no tendrá fronteras ni limitaciones, para poder llegar a los que sufren y a los que esperan la sagrada Esperanza.

Es por eso que deben darse pasos firmes, para que caminen por el sendero del nuevo Plan y ayuden a sustentar este planeta ante el caos que reina en el mundo y que hace perder a muchas almas en la desesperación, el dolor y el sufrimiento.

Quiero que sus corazones sean glorificados como el Mío, porque a través de esa gloria las almas se servirán de la cura y del alivio, algo que tanto esperan y que tanto buscan.

Es así que los invito a posicionarse en las filas del Plan, para que el Rayo de Mi Gracia descienda en muchas más naciones del mundo.

Ya saben cómo ser espejos de amor, Mi Madre se los ha enseñado. Ya saben cómo servir, Mi Padre San José se los ha mostrado. Ya saben cómo perdonar, Mi Corazón se los ha revelado, a través de un año entero de mensajes. Todas las dádivas fueron entregadas. Las herramientas del Cielo fueron recibidas, para que los obreros del Plan trabajen en esta Obra corredentora, que cada uno de sus corazones son llamados a vivir, en esto tiempos de caos y de batalla.

No opongan su voluntad a las voluntades del mundo. Apártense de su voluntad, para que la Voluntad de Dios descienda y se manifieste en sus deseos y principios, en esta hora crucial del planeta.

Después de treinta años de instrucciones, después de casi diez años de bendiciones, es hora de trabajar por la humanidad y por todos sus Reinos Menores, sea donde sea, siguiendo los pasos de Luz de su Redentor.

Abran las puertas de sus consciencias y ya no quieran nada más para sí, sino el bien y el amor para los otros, generando así la gran corriente de la Fraternidad. De esa forma serán Mis apóstoles y no solo Mis siervos. Serán las columnas de Mi Obra en el mundo, en Oriente o en Occidente, en el Norte del planeta o en el Sur. No importa dónde sea. Solo importa que sean llamados para vivirlo, con un gran regocijo, alegría y amor.

Sean finalmente ciudadanos de este Universo y vivan en unidad con una Gran Hermandad Celestial, que ayuda a esta raza actual a no activar las bombas, ni la autodestrucción, como lo fue en los años cuarenta. Mi Padre se refugió en Su Fuente, cuando se activó la bomba de Hiroshima. Un gran dolor se sientió en todo este Universo local. Los grandes sabios guardianes de las estrellas, se postraron para implorar por misericordia y perdón. Los invito a imitar este ejemplo antes de que todo suceda.

Si Mi Obra llega a Asia antes de tiempo, a Oceanía y a Rusia, muchos no se perderán y millones de almas serán apartadas de la guerra y del dolor.

Mientras la humanidad acepte las armas, poquísima será la Misericordia de Dios. Mientras muchos no oren, muy escasa será la Gracia de Dios. ¿Quién sustentará compañeros, el Puente de Luz que se extiende en los abismos, formado por la unión de todas las almas, de todos los corazones del mundo que dicen sí al Universo?

Mi Corazón es la gran bomba de Amor para el mundo. Es el Sol radiante de la Misericordia, que es flagelado por las injusticias de la humanidad. Pero Mi Gracia es más grande que todos los errores del mundo.

Vengo a conceder en esta última instancia del planeta, una misericordiosa expiación. Deseo profundamente en Mis oraciones que todas las almas del mundo se sirvan de esto, para que Mi Consciencia y Mi Corazón puedan triunfar en la humanidad.

Hoy Mi Manto de Luz está bordado por todas las banderas de las naciones del mundo. Mi próxima misión es Asia y llamo a los rebaños para que Me sigan a concretar el gran triunfo de la Misericordia de Dios.

Yo Soy el Sacerdote de la Paz y deseo lo mejor para las almas. Bienaventurados sean los que escuchan de corazón y cumplen las promesas de su Redentor.

Que así sea.

Elevemos entonces al Padre las aspiraciones, las intensiones de Su Amadísimo Hijo, para que éstas desciendan en Gracia y Redención sobre la humanidad.1

Es así que, a través de estas seis oraciones, tres padrenuestros y tres glorias, pueden tornarse dignos de vivir el Plan de Dios y de concretarlo en este planeta y en esta humanidad.

Siempre que sientan la fragilidad de vivir su propia misión o la misión grupal junto a sus hermanos, recuerden orar tres padrenuestros y tres gloria, como se los enseñé. También podrán enseñarlo a sus hermanos, que necesitarán despertar al Plan de Dios, al final de estos tiempos.

Y ahora oraré a Adonai por ustedes y por el mundo. Aquellos que se ofrezcan, pueden ponerse de rodillas.

Este será el cierre de Mi tarea en esta semana, para que en la próxima Sagrada Semana de 2018 ya seamos tres mil. Comiencen a trabajar desde ahora, sin dejar para atrás todos los impulsos que Yo he traído al mundo, para generar su salvación y.redención.


Altísimo Padre del Universo, Fuente de Amor y de Misericordia, Supremo Señor de las Alturas, Consciencia Única de los Universos Mayores, Sagrada Fuente de renovación, Divino Espíritu que gestas la Creación,

Sumos Arcángeles y Ángeles, servidores incondicionales de Dios,

Espíritu Santo que compenetras todo lo creado y revelas Tus dones a las criaturas, Jerarquías y huestes de la Luz, ¡escuchen la Voz de su amado Señor!

Universos, estrellas y soles, irradien sus códigos a todo ser viviente.

Sagrado Fuego del Amor, que todo lo renuevas, Única verdad que existes en todo lo que es consciencia y materia,

Padre, escucha la Voz de Tu Hijo, que ofrece el sacrificio de Su Corazón por todos los que Lo siguen fielmente y en unidad.

Proclamo hoy Mi apelo; elevo hoy Mi súplica. Me postro, Adonai, ante Ti, como esclavo y siervo de Tu Proyecto. Ofrezco hoy Mis Llagas, Mi Consciencia y Mi Divinidad, para que Tú, Padre, Te expreses en Tus hijos, con la Sabiduría de Tu Corazón y el Amor de Tu Espíritu.

Que cada ser viviente reciba la Gracia de comulgar Contigo. Que cada sufridor alivie su dolor. Que cada nación escuche Tu llamado y lo cumpla. Porque Tu Reino Celestial se aproxima, como hace más de dos mil años atrás.

Abre las puertas, Adonai, de Tu Sagrado Reino, para que muchos más ingresen y los infiernos se cierren. Y los que están en el purgatorio encuentren el camino de Tu Luz.

Acuérdate también Padre, de todos los que están aún encarnados en este pequeño planeta. Derrama Tu Piedad sobre los Reinos Menores, que sufren las consecuencias del mundo y la indiferencia.

Que Tus moléculas de Amor y Tus códigos de vida bendigan a esta humanidad, que ha perdido el rumbo, para encontrar Tu Reino.

Por eso Adonai, Soy Tu puente para que Tú desciendas en Gloria, Luz y Amor.

No mires los errores de los injustos, la tribulación de los gobernantes, el terror de las naciones y de las guerras.

Padre amado, que hoy descienda Tu Paz y que todos, como una única consciencia, se sientan abrazados por Tu Luz y por Tu Divino Amor, para siempre. Amén.


Les agradezco por acompañarme. La victoria celestial se aproxima.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

 

1. Se oraron tres Padrenuestros – en español, portugués y arameo - y tres Glorias.

 

Abr

16

16 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Mi Amor es como una flecha profunda en el alma, que penetra en lo más íntimo del ser, cuando se abre para conocer Mi Gloria.

Mi Amor es transformador y es único, y desea ingresar en todas las almas para generar, en el fin de los tiempos, la realización del Proyecto de Salvación.

Es así como Yo vengo a encender lo que hay en sus almas y que llega a reflejarse en sus corazones, porque es Voluntad del Todopoderoso que esto se cumpla, para despertar la redención de la humanidad y la derrota de los enemigos.

Es este poderoso Amor lo que Yo le ofrezco al mundo todos los días. Dichosos serán los que resucitan en este día a través de Mi Amor, porque es la mayor cura y el mayor bálsamo que Yo les puedo legar.

Este Amor es el que ayudará a equilibrar la balanza de este mundo. Mientras las deudas pesan en la consciencia del hombre de superficie, Yo vengo a liberarlas a través de la Fuente de Mi Amor. Es este mismo Amor que hoy les traigo, el que permitió Mi Resurrección y la posibilidad de soportar todos los martirios, sean cuales sean.

Es así como Yo los invito a ingresar en esta vibración divina, para que sus mentes se despejen; para que sus corazones se abran y las verdaderas almas surjan, para servir al Todopoderoso.

Es este Amor que hoy les traigo, el que no puede disiparse en el mundo, ni tampoco en la consciencia de la humanidad.

Cuando salgan de ese Amor que todo lo puede, estarán fuera de Mi Proyecto. Pero todos los días Yo los invitaré a retornar a él, porque será a través de sus almas y de sus consciencias, será a través de toda la humanidad, que Yo podré gestar las bases de Mi segundo Retorno.

Entonces, despierten a los que hoy están dormidos ante la Luz de este poderoso Amor.

Este Amor que hoy les traigo, que aun es muy desconocido, trasciende todos los obstáculos; redime todas las faltas, perdona todo lo que es imposible y puede unir a cada corazón con la Voluntad de Dios, que es la que hoy no se cumple en el mundo.

Vengo a anticipar el despertar de los Nuevos Cristos, con una gran ola transformadora de purificación, porque después de que las bases terrestres sean movidas y de que la tempestad pase, volverá a brillar el sol; el sol interior que existe en cada ser.

Hoy, reciban Mis corrientes poderosas, para que las estructuras se quiebren y las raíces sean arrancadas del suelo, del suelo de la consciencia. Así, en el horizonte de cada universo interior, podrá finalmente despuntar la luz del alma, para que se realice Mi Obra redentora en todas las ovejas, que hoy Estoy llamando por su nombre.

En el día de mañana terminará esta Sagrada Semana, en donde los he hecho pasar por muchos planos de consciencia. Es importante que repasen todo lo que Yo les he dicho, porque el tiempo del gran servicio será muy grande y los discípulos se formarán a medida que todas las necesidades sean cubiertas.

Con esto quiero decir, amigos Míos, que mientras sirvan a Dios hasta el fin de sus días, recibirán sagrados conocimientos; como estas Leyes que Yo les he traído, en estos últimos días; Leyes nuevas y desconocidas, para ampliar la consciencia humana, para que ella salga de lo superficial y ascienda hacia lo alto; así como también deben ascender todos los Reinos de la Naturaleza, que forman parte de esta Creación perfecta.

Yo los invito a ingresar en Mi Misericordia, para que al final de este día salgan de aquí siendo portadores de Mi Gloria, la cual expandiré por todas las naciones del mundo.

Es una alegría encontrar corazones que perseveran en todo este grupo de almas, que en los últimos días vinieron a Mi Encuentro. Esto es señal para Dios, de que todos ustedes, peregrinos Míos, vivirán cosas nuevas por todos aquellos que no las podrán vivir, en las diferentes partes del mundo.

Yo les daré la fuerza interior para promover Mi Mensaje a la humanidad. Si tan solo confían en lo que les pido, les vuelvo a repetir, de aquí a seis meses no se reconocerán, porque estarán impregnados por Mi Amor, por una fuerza interior desconocida, que moverá las estructuras de lugar, sacando el polvo de la humanidad para que pueda emanar el espíritu, esencia divina en cada uno de ustedes.

Sepan que estarán haciendo esto por toda la raza. Es así que los invito a ingresar en Mi apostolado, en el apostolado del corazón, a vivir en sus corazones Mi sagrada Palabra y a expresarla en esta vida terrenal, como un símbolo de paz y de redención para el mundo.

Hoy nuevamente serán ungidos y algunos de los Míos, de forma especial.

¿Por qué serán ungidos en el día de Mi Resurrección?

Sus cuerpos internos serán sanados, las secuelas serán corregidas y las heridas serán cicatrizadas, por la poderosa unción que proviene del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, a través de los que la imparten en Mi Nombre.

Alégrense compañeros, porque el fin de su cautiverio está llegando. Y aquellos que naufragan en el mar de la desesperación, serán retirados de él. La tormenta de la oscuridad pasará. El sol, la luna y las estrellas brillarán y las aguas turbias quedarán calmas, porque el Señor, su Dios, el Maestro entre los maestros, los colocará dentro de Su Barca para conocer nuevos mundos, nuevos horizontes y sentir en lo profundo, la divina Esperanza.

A pesar de que el mundo, en este tiempo, genere las guerras y cree las bombas, Mi Palabra no pasará. Quedará en el alma que se abra, para poder comulgar con Ella y así, comulgar con Dios.

Legiones de Mi Padre, esparcidas por toda la Tierra y en todas las lenguas: ¡Levanten sus estandartes de la paz, porque Mi Victoria está cerca! Los tenebrosos serán vencidos; su propio reino los tragará. ¡Ay! de aquellos que practican las maldades y las llevan adelante en todos los inocentes, así como en todos los Reinos Menores.

Sean valientes y persistan. Muchos deberán dejar su cautiverio, para poder cruzar Mi Umbral, el Umbral hacia la Paz, hacia la concreción de la Redención.

Enciendan ahora las estrellas de sus corazones, para que el Hijo de Dios pueda brillar en todos los que fueron señalados por Su Santo Nombre.

Oriente y Occidente conocerán a los que testimoniarán sobre Mi Retorno, porque también darán sus vidas para que Mi Plan se cumpla en la superficie. Pero sepan que no los abandonaré. Cuando se sientan solos, busquen Mi Refugio. Cuando sientan desesperación, llamen por Mi santa Paz. Cuando estén en dificultades, convoquen Mi santo Nombre, el santo Nombre de Adonai.

La Gracia del Padre descenderá sobre los corazones sinceros, para que al final encuentren el portal, que los conducirá a la Verdad y a la Sabiduría.

No dejen de caminar, aunque sientan sus pies presos. No dejen de donarse, aunque los brazos y las manos duelan. No dejen de mirar con esperanza el vasto cosmos, las sabias estrellas y los soles, que también los contemplan. Vean la infinidad de este Universo, el cual fue creado por la mano del Todopoderoso. Vean las moradas que los aguardan y cómo sus espíritus y almas pueden regocijarse en la infinitud del Señor.

La materia ya no estará más presa. Yo los estoy preparando para que puedan renacer. Por eso, la ola de la purificación viene con amor y desciende del Cielo como una poderosa corriente, para liberar sus viejas vestiduras. Dejen que el cuerpo sea purificado, porque así el alma también se santificará. No tengan miedo de perder su voluntad. Llegó la hora compañeros, de que la entreguen en las manos de Su Rey.

Así, Yo podré ser en ustedes, en perfección, divinidad y misericordia. Y así, Yo podré estar en el mundo que agoniza y podré ir en ustedes y en sus hermanos, hasta los rincones más lejanos del mundo, para llevar una palabra de alivio y de esperanza.

Dejen que todo expurgue, pues el santo Espíritu viene en auxilio de los que Lo aceptan. Dejen que todo se remueva de lugar y les aseguro, en verdad les digo, que se librarán de sus más viejas raíces.

Adonai habla a través de Mi Boca y expresa Su Voluntad para todos los que Lo escuchan, en este mismo momento.

Hoy son ungidos por Mi Espíritu y Mi Divinidad les traerá la expiación, para que sus almas resuciten espiritualmente.

Vean a los pies de Mi Iglesia Celestial el Arca Santa, custodiada por los ángeles. Este es el mayor amor que Yo les puedo entregar, dando para sus corazones los tesoros del Cielo, guardados en el sagrado misterio del Arca Santa de Dios.

Y finalmente podré llegar a Asia y Oceanía, en un tiempo cercano. Ustedes tendrán la misión de orar y preparar la visita de Su Maestro y Rey, en esa parte del mundo, antes de que todo se desate.

No se preocupen por lo que el mundo está haciendo. Ocupen su tiempo por lo que el mundo no hace. Porque entre tan pocos, revelaré la Tierra Prometida, que está próxima.

En este día de Gloria y de Aleluya, que Nuestro Padre sea exaltado por Su Infinita y Divina Misericordia. Que sus voces canten. Que sus corazones se abran para que los ángeles traigan al mundo la liberación.

Que así sea.

Abr

14

14 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Cuando vean a su Maestro mostrar las Llagas de Sus Manos, de Sus Pies y de Su Costado, despertando en ellas la Luz de Dios, es señal de que un nuevo misterio está siendo revelado para el mundo.

Cuando vean a Sus ángeles rodeando al Santo Señor, en la contemplación de Su divino Sacrificio por toda la humanidad, es señal de que algo importante está por suceder.

Cuando vean detrás de su Señor, en lo más alto del Universo, la presencia del Padre Celestial y del Espíritu Santo, es señal de que algo importante está por suceder.

Y esto importante es lo que trajo el misterio de Mi Cruz, hace más de dos mil años, en donde la preciosa Sangre se vertió sobre el mundo y el Agua divina se derramó de la Llaga principal de su Señor.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Los consagrados que están aquí, ¿pueden acercarse, por favor? El Señor los está llamando para revivir el misterio de Su Cruz, porque es importante que sus corazones comprendan que la victoria de Cristo no fue algo solamente humano, sino también profundamente universal.


Y ustedes, que hoy prepararon este sepulcro para Mí, sepan que de él haré resucitar a la humanidad, que se ha perdido del camino de Dios, por las tinieblas.

De este sepulcro nacerán los Nuevos Cristos y así resucitarán las consciencias, para que puedan vivir el llamado de Dios, cumpliendo así Su Divina Voluntad en estos tiempos de crisis.

Quiero ahora, que cada una de las nuevas santas mujeres, que Me auxilian en la Divina Misericordia, encienda una vela para su Señor y así podré dar continuidad a la revelación universal, que hoy les traigo.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Sol, Janisa, Aylén y Nadia, subirán aquí y estarán al lado del sepulcro, a pedido de Nuestro Señor.


Yo llamo a las ovejas por su nombre, para que puedan alimentarse espiritualmente de las vibraciones más sutiles de su Señor.

En aquel tiempo Me comprometí con las santas mujeres, para revelarles interiormente los misterios de Mi Pasión y las victorias universales de la Cruz.

Dejen entonces que Mi Luz penetre en lo más profundo de las células, para que despierten las células crísticas, que los renovarán y los harán dignos hijos de Dios.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Nuestro Señor en este momento, está mostrando Sus cinco principales Llagas: las de Sus Manos, las de Sus Pies y la de Su Costado. Y las cinco Llagas brillan más que un sol, mientras los ángeles Lo rodean.

Está descendiendo un ángel mayor, quien le entrega a Nuestro Señor un pergamino, que ahora Él, está leyendo.

Él dice:


Esta es la revelación sobre Mi Divinidad; desde dónde provengo y hacia dónde fui, después de Mi Ascensión. Todo esto es posible por la exposición de Mis cinco principales Llagas.


Ahora, los ángeles están orando:


¡Oh! Señor Jesús,
resucita nuestra vida espiritual,
redime nuestro corazón,
eleva nuestro ser ante Dios.
Amén.


Esta revelación fue escrita por los ángeles del Universo, guiados por San Gabriel Arcángel.

Tres días después de Mi Ascensión, cuando Me elevé a la Casa de Mi Padre, a pedido del Único, por intercesión del Arcángel Gabriel, Sus huestes celestiales se reunieron en el Universo, para dejar plasmado en este Universo material y en todos sus éteres,
la revelación sobre Mi Divinidad y origen, de la cual, hoy contaré solamente una fracción, porque la segunda parte será conocida cuando Yo retorne al mundo y Me vean venir entre las nubes, con el poder de la Gloria de Dios y de todos Sus ejércitos angélicos.

Yo provengo de una Fuente desconocida, llamada por los seres materiales “Fuente Primordial”. Nací y surgí como el segundo aspecto de la Santísima Trinidad. Y Mi Espíritu, por Obra y Gracia de Dios, descendió de un sol más radiante que este, que los alumbra todos los días, desde el amanecer hasta el atardecer.

Este sol es el centro de muchos universos, de muchas constelaciones, planetas y estrellas. Allí reposó por primera vez, la Divinidad del Hijo de Dios.

Por las manos de los arcángeles, en una sagrada Fuente solar, más radiante que el oro rubí, Mi Consciencia fue preparada como una sublime esfera de luz, que penetraría las dimensiones y los universos, hasta llegar a encarnar en la Tierra y nacer en el sagrado pesebre de Belén.

Pero antes de llegar al mundo, los tenebrosos ya sabían Quién era Yo. Sus planes temblaron y sus reinos fueron derrotados, porque era la Misericordia misma, que en Su Sagrada Divinidad, estaba naciendo y surgiendo del Corazón del Universo.

Sutiles consciencias presenciaron, así como todas las criaturas celestes, el surgimiento de la Divinidad de Cristo, que por primera vez se materializaba dentro de este Universo material, para despertar el Amor superior en todas las consciencias.

Concéntrense. No permitan que el enemigo abunde en las mentes. Quien contempla Mis cinco Llagas mientras escucha Mis Palabras, no se desconcentrará, porque estará en el propósito y en la vibración correcta para recibir lo que tiene que recibir y así, no hacer perder todo lo que hoy traigo, para una humanidad en tinieblas.

Soy sincero con sus corazones, para que puedan crecer en la verdad y no perder las oportunidades que hoy les traigo, con el objetivo y la misión de aliviar su propia cruz, a través de Mi Divinidad Crística, desconocida por el mundo, por toda Mi Iglesia.

Es así como Yo les enseño, que Jesús dejó de ser un hombre, después de haber vivido la Cruz y de resucitar, entregando la expiación al mundo. Su Cuerpo, Mente y Alma se tornaron divinos para dar continuidad al Plan de la salvación universal.

Fue la Esencia que surgió desde ese sagrado Sol, la que atravesó los universos y los planos de consciencia, hasta llegar a este planeta, para traer nuevamente la Fuente de Dios, que toda la raza en el tiempo pasado, había perdido.

Para que esta Divinidad estuviera aquí, Dios tuvo que sacrificar Su segunda Persona. Y en una universal humillación, volverse pequeño, humilde y simple, entre los más simples.

¿Ahora comprenden compañeros, con Quién están conversando y a Quién están escuchando, aunque todos los días parezca lo mismo?

Mi Divinidad viene a cambiar el punto de sus consciencias, para liberarlos del engaño diario y para que así, ingresen en la verdadera fuente de sus corazones, en donde Yo aspiro a estar todo el tiempo.

Hoy, es esta Esencia, esta Divinidad Solar, la que se muestra al mundo por segunda vez, después de haber encarnado en Belén, para traer la Luz al mundo y la Redención a la humanidad.

Hoy, no todos pueden ver esta Divinidad, pero sí pueden coligarse con Ella a través de sus esencias, en donde se guardan los verdaderos secretos de la historia de su evolución y de su despertar. Quiero servirme de esas esencias crísticas, que en estos tiempos son atormentadas por su personalidad; son flageladas por sus pensamientos; son crucificadas por sus acciones.

Dejen nacer, ahora y siempre, su verdadera esencia solar. Esto fue lo que Yo vine a encender dos mil años atrás, en todos Mis apóstoles y en las santas mujeres, con la ayuda de Mi amada Madre, Quien se comprometió a los pies de la Cruz, a ser guardiana de la fe de todas esas esencias, hasta el fin de los días.

Dejen nacer su verdadero Ser interior. Él espera ser morada del Corazón de Cristo.

No pierdan tiempo. No se confundan. Ya no juzguen. Sean uno en Mí y Yo, hasta el fin de los tiempos, podré ser Uno con ustedes, en sublime hermandad.

Dios llora en este tiempo, en Su profundo silencio, al ver tantas esencias solares perdidas, que buscan el amor en lo exterior; que satisfacen sus necesidades en la superficialidad de las cosas; que no encuentran sentido, ni salida, ni tampoco ninguna cura, para sus consciencias.

¿Qué esperan, soldados Míos? Esta es Mi Divinidad Crística, que estuvo entre ustedes por treinta y tres años y retornó a la Casa de Su Padre para terminar de concretar las Obras de la Santísima Trinidad, después del triunfo de Mi Corazón en la Cruz.

Hoy les traigo esta Comunión con Mi Divinidad, porque llegará un tiempo en que solo podrán estar en comunión perpetua con Mi Divinidad eterna. Ese será el refugio, no solo para sus almas, sino también para sus consciencias y sus cuerpos. Ese refugio divino que hoy les ofrezco, es fuente de reparación y de prodigios en las consciencias que se rinden y se despojan de sí, para que habite en ellas el Supremo Rey.

Contemplen Mis cinco Llagas. Sírvanse del Manantial de Mi Corazón, para que todo resucite, como era en el principio de esta Creación.

Acepten en silencio, los sufrimientos que hoy les imparto y háganlo por Mí, por la salvación de la humanidad y de los Reinos de la Naturaleza.

Hoy, Mi Cruz se reparte en muchas consciencias del planeta, que se animan a aliviar Mi Corazón agonizante, para que así, todo el planeta sea restaurado; para que el planeta sea restaurado en esta hora aguda de la Tierra. La Cruz representa la liberación interior de todos los atavismos de los seres humanos, de todos los que aceptan vivir esta entrega, por el surgimiento de una Nueva Humanidad.

Hoy también dejen posando sobre Mi Pecho su cruz espiritual, para que sea aliviada por el Amor de su Señor.

¡Cuántas cruces vive el mundo! ¡Cuántos sufrimientos viven las almas inocentes! ¡Cuántas guerras son generadas! ¡Cuántos conflictos son realizados! ¡Cuánto amor falta en los corazones endurecidos, que no aceptan Mi Divina Misericordia!

¿Por qué les he pedido colocar las cruces sobre este simbólico sepulcro? Porque estas cruces, que también carga su Señor, deben repartirse amorosamente entre Sus discípulos y seguidores.

Hoy, esta es Mi invitación para ustedes: Que salgan de sí, para que Yo pueda estar en ustedes, compartiendo las cruces de la humanidad.

¡Cuántas razas y pueblos viven su cruz! ¡Cuántas culturas y tribus son diezmadas! ¡Cuántos niños son explotados! ¡Cuántos pequeños aún son abortados! ¡Cuántos padres están solitarios, sin tener a un niño en sus brazos, mientras muchos son retirados de los vientres de sus madres! ¡Cuántos enfermos agonizan en este Viernes Santo!

Así, Yo digo para Mi hijo Miguel que estoy con él, cargando su cruz hasta que Mi Amor venza.

¡Cuántos moribundos están en las calles de este mundo! ¡Cuántos ancianos son lastimados! ¡Cuánto sufre el Reino Mineral, en su más perpetuo silencio! ¡Cuántas piedras preciosas son retiradas de las montañas que son explotadas! ¡Cuántos vegetales son cortados y nadie lo percibe! ¡Cuántos animales son ultrajados, tanto en la tierra, como en los océanos! ¡Cuántos de ellos son comidos y no existe compasión por el sufrimiento de esos semejantes! ¡Cuántos devas son retirados de las grandes florestas del mundo! ¡Cuánta maldad se ha hecho a la Creación, después de tanto Amor expresado por el Padre! Y ni siquiera después de haber encarnado Su Hijo y de haber muerto en la Cruz, han terminado los males en el mundo.

¿Ahora comprenden por qué tantas esencias solares se pierden?

Llegó el tiempo de la gran fraternidad; de la unidad entre los corazones, entre las culturas y pueblos. Los simples reerguirán a la nueva humanidad, después de tantas catástrofes vividas.

Les doy la esencia de Mi Misericordia, para aliviar estas pesadas cruces del mundo.

Les dejo esta reflexión para que oren por ella y para que, aún más, las puertas a Mi Divina Misericordia se abran para la humanidad.

Que así sea.

Mientras Me elevo al Universo, por Mi dolorosa Pasión, ofrezcan a Dios sus voces, invocando a Adonai, Su Espíritu Santo y Su Misericordia.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Canten con toda la fuerza del corazón y del alma, para que la Tierra sea repoblada de nuevos códigos crísticos.

Que así sea.

Abr

13

13 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Por los martirios soportados,
por los dolores transmutados,
por la victoriosa Misericordia alcanzada,
Cristo Redentor, libéranos de las amarras.
Amén.



Cierren sus ojos y sientan el amor de Mi Glorificado Corazón, por las almas del mundo, especialmente por todas las almas perdidas.

Hoy les muestro en Mi Pecho, abriendo Mis Brazos, extendiendo Mis Manos, Mi Corazón Eucarístico y debajo de Él, el Santo Cáliz del Señor, elementos sagrados, que a través del Pastor, junto a Sus ovejas, viene a renovar el misterio de la Cena Pascual.

Hoy, ante un mundo en tinieblas, en guerras y en destrucción, su amado Rey viene a renovar la Cena Pascual, para que sus corazones y almas, a través de este Sacramento, solo sientan el amor; amor que penetra en lo más profundo de la consciencia, llegando hasta las células y hasta los átomos de quien lo permite. Este es el verdadero misterio de la Santa Eucaristía, convertida en el Cuerpo y en la Sangre de su Señor.

Les pido que cierren sus ojos, para sentir las palabras del Amor de Dios, que vienen a sanar las heridas; que vienen a liberar las amarras; que vienen a renovarlos una vez más, porque el mundo lo necesita.

Hoy los invito compañeros, sacerdotes, madres y amigos, a compartir esta Cena Pascual Conmigo, con el fin de ejercer y de poder generar la reconciliación de todas las almas con Dios, con Su Divina Fuente de Gracias.

Hoy no estoy aquí con los doce apóstoles, como lo estuve en el pasado. Hoy vengo a cumplir Mi Promesa y Me encuentro aquí, en este recinto sagrado, para estar entre las multitudes, para que todos sean partícipes de la renovación de esta Cena Pascual, concedida por obra y gracia del Espíritu Santo. El Santo Espíritu de Dios ha hecho aproximar a su Maestro y Señor, para que Él pudiera contemplar su fe y no sus pecados; para que Él pudiera reencender la llama de amor en todos los corazones que así lo acepten.

El Corazón Eucarístico que aquí, hoy resplandece, viene a irradiar la paz para el mundo. Este es el mayor símbolo de unidad entre los hombres y Dios, entre el Cielo y la Tierra, entre los ángeles y las almas. Felices serán por siempre los que vienen aquí, a celebrar Conmigo la renovación de esta Cena Pascual.

La Comunión que hoy ofreceré para ustedes, brotará de lo más íntimo de Mi Espíritu. Por eso compañeros, no pierdan la oportunidad y la Gracia de poder beber del misterio de Amor que brota de Mi Corazón Eucarístico, hoy expuesto desde el Universo Celestial, para todo el planeta, para todas las razas y para todos los pueblos del mundo.

Hoy llamo, en los planos internos, a todas las tribus de Israel, desde Oriente a Occidente, desde el Norte hasta el Sur. Los llamo a todos, a todas las ovejas, para que vengan a participar de esta Cena, de esta Comunión espiritual con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Amén.

Muchas de las cosas que se cuentan sobre la última Cena son ciertas, pero muy pocos saben lo que verdaderamente sucedió en aquel tiempo, cuando Yo reuní a Mis apóstoles para que pudieran adorar Mi Corazón Eucarístico, en la presencia del Padre, de la primera Persona de la Santísima Trinidad.

Es eso mismo que hoy les traigo hasta aquí y expongo ante sus ojos internos. Porque son sus corazones los que deben beber de la Fuente de este misterio. No hay pecado, no hay dolor, ni tampoco angustia que pueda prevalecer, mientras Estoy presente aquí, renovando esta Cena Pascual con cada uno de sus corazones y especialmente con sus almas; las que hoy vengo a curar de muchas enfermedades internas.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Nuestro Señor se está arrodillando.


Preguntarán ¿por qué hago esto? ¿Acaso Dios no es más fuerte que todos los hombres? Santa sea Su Humildad y Su Misericordia, que viene a entregar a Su pequeño Hijo, para que las almas se puedan salvar, antes que la puerta de la Misericordia se cierre en el mundo.

Hoy, en esta Cena Pascual junto a Mí, serán testigos del legado espiritual que hoy entrego a sus espíritus; el cual se revelará como un sentimiento, como una verdad, como un talento y un don en el fin de estos tiempos.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Ahora Nuestro Señor está elevando Sus Ojos a lo Alto. Extendiendo Sus Brazos y Sus Manos a lo Alto, aun expone, con más fuerza y poder, Su Corazón Eucarístico. Está invocando a los Universos Celestiales.


Adonai, no mires la injusticia de la humanidad. No mires los errores, las indiferencias y los ultrajes, los sacrilegios y el orgullo de los hombres.

Adonai, abre la puerta de Tu Corazón, para que todas las almas ingresen en Tu Fuente de Amor.

Hoy Me ofrezco, Padre Mío, con la dolorosa pasión vivida, con el sacrificio de la Cruz, por cada uno de los presentes, que representan a muchas almas más en el mundo.

Adonai, que cada una de ellas pueda ser testigo del Amor que Yo les entrego; Amor que proviene de Tu Corazón Santo, de Tu Gloria y del poder de Tu Gracia.

Hoy ofrezco Padre Mío, la sublime compasión de Mi Corazón; aquella que estuvo viva y pulsante en los momentos de Mi mayor agonía.

Vengo a renovar en toda iglesia de la Tierra y en todos los cristianos del mundo, ésta, Tu Sagrada Cena Pascual. Que los ángeles desciendan de Tu Gloria para ofrecer el Sacramento de la reconciliación y la confirmación de las almas, al Plan de Redención.

Dios habla con los más simples de corazón. Imiten Mi Corazón simple y siempre serán portadores de la paz.

Renovemos ahora el Sacramento del altar, para que las almas beban de la Fuente y ninguna se quede atrás. Que todos tengan la oportunidad de cristificarse en algún momento de sus vidas.

Quiero que nazcan los Nuevos Cristos, siervos predilectos de Mi Corazón. Quiero que despierten los dones y que los talentos se muestren, para honrar y glorificar al Creador. Si esto sucede así, gran parte de la humanidad se salvará y muchos no deberán sufrir el caos de estos tiempos.

Con la renovación de la Cena Pascual, compañeros, su Maestro y Señor, Siervo del Altísimo, viene a renovar la última Cena, para hacerles recordar el misterio que viví en aquellos tiempos y con el fin primordial de apartar las fuerzas del caos de este planeta, con la sagrada intercesión de San Miguel Arcángel.

Estén atentos a esta ceremonia, porque Cielo y Tierra pasarán. Mis Palabras quedarán en los corazones humildes; en aquellos que acepten ser lavados por el Agua de Vida.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Nos estamos preparando en este momento, para poder comulgar del Universo Celestial, y poder revivir la última Cena de Nuestro Señor.


Yo traeré aquí compañeros, lo que viví con Mis apóstoles en el pasado, para que puedan revivir los códigos de Mi Pasión, profundamente permeados por la esencia del Amor y de la Divina Compasión.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Que el Señor santifique estos elementos, a través de las manos de todos Sus ángeles, para que la materia se transforme, en un divino instrumento de Dios. Que así sea.


El agua, que es nuevamente bendecida, recibe más fuerza y poder para transustanciar todas las partículas de la vida material.

En aquel tiempo su Señor pidió a Sus apóstoles, que en la mesa colocaran varias jarras deagua, para que después de haber lavado sus pies, antes de sentarse a la mesa para comulgar del Cordero Pascual, sus manos estuvieran purificadas, así como sus almas.

Mientras las almas Me sirven, para que Mi Gracia sea posible en todos, entren en oración interior para poder sentir aún más al Maestro, en esta Sagrada Cena.

En cuanto su Maestro y Señor estaba con los apóstoles y con muchos más, reunidos en el plano del espíritu, para celebrar este misterio pascual, en donde la Misericordia vencería a la muerte y todos los pecados del mundo, las santas mujeres, siervas predilectas de María Santísima, también estaban en comunión, en adoración y en oración, esperando por la Pasión de su Esposo Celestial, para así, poder acompañarlo en esta tarea de emanación del Amor Universal hacia todo el planeta, por medio del sacrificio de su Señor.

Que esta luz sea testigo de Mi retorno al mundo. Que el amor nunca se apague. Que la confianza sea eterna, para que los corazones escuchen a su Señor y encuentren en todo, el amor, que siempre vence, sin dejar de contemplar las necesidades de las almas; porque los corazones son frágiles y necesitan de refugio para que puedan vivir su cura, en este tiempo de redención.

Es necesario construir una nueva Tierra, llena de corazones puros, que puedan vivificar a su Señor y así, alabarlo por siempre, porque en todo está el Amor, que busca encenderse en las almas, cuando los corazones abren las puertas para poder reconocer la paz.

Todos deben curarse, para liberar sus miedos y formas, y encontrar consuelo cuando se lo piden a su Señor, porque Él es más que una llama; Él es un sol, que todo alumbra.

Después que las santas mujeres encendieron sus velas, para vigilar en oración los misterios de la Pasión de su Señor, ellas estaban atentas a todo lo que les decía Mi Madre María.

Por otra parte, en el sagrado Cenáculo, su Señor y Rey, sintiendo aproximarse Su Pasión, con un semblante de paz y una mirada de Misericordia por el mundo, comenzó a lavar las manos de Sus compañeros, para que fueran dignos de este misterio pascual.

Yo lavaba para purificar y hacer renacer a los corazones.

Lavaba para cicatrizar y también para renovar la esperanza de todos los que creían en Mí.

Lavaba para pacificar y resolver los miedos de todas la consciencias.

Lavaba para santificar todas las almas, a través del Amor que Dios hacía emanar de Mi Corazón.

Lavaba para hacer más humildes a los humildes, porque son portadores del Reino Celestial.

Lavaba para que ellos alabaran a Dios a través de Su Hijo, viviendo con Él los misterios de Su Pasión.

Lavaba para que aprendieran a instruir la buena nueva, en todos los que precisarían reconstruir sus caminos de luz.

Lavaba para revivir en cada corazón, el Amor del Padre.

Lavaba para aliviar a los corazones de sus profundas heridas y de sus miedos más internos.

Lavaba para que imitaran Mi ejemplo de la sagrada humildad ante sus semejantes.

Lavaba para que ellos aprendieran a traer el Universo hacia este planeta.

Lavaba para poder redimir los profundos aspectos de la consciencia.

Lavaba para despertar los talentos en aquellos que Me escuchan de corazón.

Lavaba para que ellos fueran alegres y semejantes a su Redentor.

Lavaba para despertar en cada apóstol el mensaje de Dios.

También lavaba las manos para cicatrizar lo que todos desconocen.

Lavaba para despertar la renuncia de todos los que Me seguirían.

Lavaba, solo lavaba las manos, para demostrar el poder de Mi Silencio.

Lavaba para aquellos que debían conocer Mi Santa Iglesia.

Lavaba para liberar todas las angustias, para que todos fueran merecedores y dignos hijos de Dios.

Lavaba para que ellos llevaran Mi mensaje al mundo, como ejemplos de amor y de verdad.

Y a algunos les daba Mis Llagas para que las revivieran espiritualmente; para que fueran vigilantes y guardianes de Mi Plan hasta el fin de los días y así reconocieran Quién era su único Amor.

Cerraba las puertas a los que se podrían perder y encontraba en los que Me seguían, los caminos de la oportunidad de amar.

Llegó el momento esperado, en donde todos, sentados alrededor de la mesa del Señor, se ofrecieron por la humanidad, para vivir junto a su Maestro este sacrificio.

Escuchando las Palabras solemnes de Mi Corazón, colocaron sus manos sobre la mesa, en perfecta receptividad a la Voz amorosa de su Señor. Y sintieron, en nombre de la humanidad y del poder de este sacrificio de amor, el descenso de los ángeles y arcángeles del Cielo.

Jerusalén estaba recogida, en una noche de gran silencio y de gran expectativa, en donde el Hijo del Hombre, celebraba Su Cena con aquellos a los cuales Él había llamado para proclamar la Palabra de Dios, los que escucharon en sus corazones, y observaron y contemplaron con sus almas, la realización de este sagrado misterio, a través de la Cena Pascual.

Y las santas mujeres, en un profundo éxtasis y entrega, postradas en el suelo, vivían esta Comunión espiritual con su Señor.

Es así que, abriendo las puertas del Universo, el arcángel Miguel presenció la revelación de este misterio, en donde el amor sería la premisa para generar la salvación y la redención de la humanidad.

Después de que la mesa fue santificada por el incienso y por el agua, Nuestro Señor les pidió a los primeros sacerdotes, los que serían precursores de Su Santa Iglesia Celestial, que acercaran a su Señor, un aceite.

Y así, María Santísima, compenetrada por este misterio de amor y viviendo en Su propia carne, en Su propio espíritu, la Pasión de Su Hijo, de Su Señor, también hizo lo mismo.

Su Señor tomó entre Sus Manos este aceite, así como lo hizo Su Sierva fiel. Pidió que los ángeles lo santificaran y lo consagraran en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y María señaló a Sus discípulas con una cruz en la frente, para que también ellas fuesen testigos del principio y del surgimiento de una nueva humanidad, despierta, activa y solemne, por medio de los cristos internos de cada corazón y de cada alma.

De esa forma el Padre instituía, a través de Su Santo Hijo y de Su Santa Madre, la primera legión de discípulas, que serían las guardianas de los signos de la Pasión de Nuestro Señor.

Las santas mujeres se comprometieron en aquel tiempo, a padecer por su Señor, con el fin de aliviar todos Sus Dolores y ultrajes, hasta el fin de sus días.

Mientras Jesús revelaba el misterio de esta última Cena, pidió a Sus apóstoles y a todos los seres internos que allí se encontraban, que con el santo aceite consagrado por Miguel Arcángel, se hicieran la señal de la Cruz en la frente, para confirmar la confianza en este Misterio de Amor de la Sagrada Pasión de su Señor y de poder ser portavoces de Su Evangelio en el mundo.

Después que todos fueron señalados con la energía de San Miguel, el Señor continuó con la ceremonia. Tomó el pan sin levadura y elevando Sus Ojos al Cielo, su Señor imploró a Su Padre, lo bendijo y este elemento se convirtió en el Cuerpo de Cristo, muy bendecido por Mi Corazón Eucarístico. Partió el pan y los ángeles se postraron aún más en el suelo, cuando Nuestro Señor instituyó por primera vez la Eucaristía, con el fin de vencer en el amor, para liberar del mal a este planeta.

Él dijo a Sus apóstoles: Coman todos de él, porque este es Mi Cuerpo, que será entregado por los pecadores, para la salvación del mundo y de todas las razas del planeta.

Juan y Pedro se desmayaron al sentir tanto Amor del Señor. Y la Santa Madre sirvió el Cuerpo de Su Hijo, así como las santas mujeres, que confirmaron la Pasión de su Señor.

Después de que todos comulgaron, retornaron el pan a la cesta y preciosamente fue cubierto, para proteger el santo Cuerpo de su Señor.

Jesús le pidió a Sus apóstoles que vertieran el vino en los cálices. Le pidió a Juan que aproximara el agua, pues Su Sangre y Agua sería derramada sobre el mundo.

En ese momento, su Señor pidió que elevaran los pequeños cálices al Cielo, como representación del ejercicio que su Maestro realizaba. Y a todos los ángeles del Cielo les pidió que convirtieran el vino en Su Sangre.

Después de esta bendición, se manifestó el primer paso de la Misericordia de Dios, a través de su Redentor.

Colocando el Cáliz cerca de Su Corazón, le dijo a Sus apóstoles: Tomen todos de Él, porque esta es Mi Sangre de la Nueva Alianza entre los pacificadores y Dios.

Del mismo modo, la Santa Madre, en comunión espiritual, recibió de San Miguel Arcángel la Divina Sangre de Su Hijo. Y las santas mujeres, en un profundo gozo, se postraron al recibir la santa Alianza de su Señor.

Del mismo modo, el Santo Cuerpo y la Divina Sangre llegaron hasta José de Arimatea. Y todos tomaron de lo que restaba.

De esta forma, se constituía y se confirmaba, a través del Cuerpo y de la Sangre de su Señor, el perdón concedido por el Padre, para esta humanidad.

Que hoy todos se alegren, porque han recibido la primera Comunión espiritual con su Soberano Rey.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Abr

12

12 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Verán en el Cielo una gran señal: una Mujer vestida de Sol, coronada con doce estrellas, con la luna a Sus pies, trayendo el anuncio de la próxima venida de su Redentor.

A Su derecha, verán al profeta Juan Bautista volver a proclamar la Palabra de Dios, para que los mil años de paz se cumplan, en toda la esfera de la Tierra y en este Universo local.

Después verán venir entre las nubes, con un gran estruendo de luz, a su Señor y Maestro: el Redentor, rodeado de muchas legiones de ángeles, que proclamarán con sus trompetas el despertar de la Nueva Humanidad.

Pero antes de que esto suceda, vendrá el Padre Eterno, a través de Su Hijo Amado. Y con todo Su Poder, con toda Su Ciencia y con toda Su Sabiduría, hará resplandecer su pequeño corazón; porque ese corazón que Él hará resplandecer, será más fuerte que cinco millones de soles.

Verán así la Divinidad del Padre, en Su amadísimo Hijo y en Su amada Señora, acompañada por los Arcángeles San Gabriel y San Miguel , quien colocará Su espada en el centro del mundo, en dirección a la Tierra y señalará, para las tribus, en dónde deberán congregarse, para poder escuchar nuevamente en consciencia y en despertar, la Palabra del Señor Dios Todopoderoso, a través de Su amadísimo Hijo, el Redentor.

Después vendrá el Juicio, el Juicio Universal; en donde las almas serán juzgadas, según los méritos alcanzados en su vida terrenal. Y por todos los sacrificios ofrecidos a Dios, muchas de las almas que hoy viven sobre el planeta esta experiencia de amor y de perdón, se tornarán bienaventuradas y simples; tan, pero tan semejantes a Dios, que esa sensación y ese sentimiento será reconocido por todos los Universos y más allá de éstos.

Después verán el Juicio de Lucifer, que hará el Santo Arcángel Gabriel, que unidos, reuniendo a los Señores del Juicio Universal, él vivirá su juicio ante el mundo y la humanidad.

Y el Padre, con todo el poder de Su Misericordia y Amor, a través de San Miguel Arcángel, descenderá Su Trono y le entregará al Santo Arcángel Miguel, en una de Sus manos, el Cetro de Luz de Su Poder, que será utilizado para vencer el mal, para siempre.

Verán así a la Santa Señora de Dios llamar a Sus hijos que están en el desierto, para que vuelvan a encontrar la paz. En ellos brillará una luz desconocida, que será entregada por el Santo Padre a través de las manos del Arcángel Rafael. Esta luz será derramada como una lluvia de Gracias. Será tan potente e infinita, que será vista desde el Universo.

Con toda la fuerza del Amor del Padre, verán brillar en esas criaturas los nuevos redimidos: grandes espejos de luz, que darán la señal, en ese momento, de que estará completándose el último ciclo de la humanidad.

No se preocupen por las interferencias.1 Dios las permite, para que el mundo pueda saber, y sobre todo las tinieblas, que ya les está llegando la última hora de rendirse ante el poder del Todopoderoso, como lo fue la victoria de Cristo en la Cruz. Si Yo Soy su Señor y su Rey, a nada deberán temer.

Yo les entrego las profecías para que las escuchen, y no las coloquen en sus mentes, sino en sus corazones. Dejen que Mis Palabras broten como un nuevo manantial en sus seres. Y así, con el pasar del tiempo podrán comprender Mis Misterios, que todavía son desconocidos por la humanidad. Por eso hoy he traído aquí, a Mi Divina Madre y Santa Señora, y a Mi amado primo Juan el Bautista. Ellos representan para ustedes la señal de un nuevo anuncio, que llega junto con su Rey, para ser proclamado en la humanidad.

Las profecías no existen para ser comprendidas, sino humildemente aceptadas, porque así las almas comprenden el Reino de Dios y Su próximo proyecto en la humanidad. Vigilen por estas enseñanzas, para que, saliendo de esta Sagrada Semana, ellas no se desvanezcan de sus memorias, cuando vuelvan a enfrentar el mal, que aún debe seguir siendo vencido en esta batalla final.

Después de que los hijos de la Divina Señora sean sacados del desierto, con el espejo del amor y su sol interior encendidos, descenderá a la Tierra el amado Hijo, acompañado por los arcángeles, que traerán entre Sus manos el Arca de la Santa Alianza. Así, el planeta será renovado y los impulsos espirituales y crísticos se vivirán. La paja será separada del trigo y las almas serán como flores, como flores redimidas, en Mi Jardín celestial, que Yo cultivaré en este planeta y en los continentes, con Mis propias Manos.

Verán así a su Jardinero fiel sembrar la Nueva Tierra, con nuevas leyes y principios. Los ángeles y arcángeles ayudarán a las tribus, a las tribus de Israel, hoy esparcidas por todo el mundo, para que se congreguen en la nueva ceremonia, en la nueva Comunión de la paz, que será instaurada e instituida después del Juicio Final.

El padre infiel, el ángel caído, será sacado del planeta. Y con gran solemnidad y reverencia, los ángeles más resplandecientes postrarán su rostro sobre el suelo, para pedir la Misericordia de Dios y la expiación universal y cósmica, interna, espiritual y álmica, por todos los pecados, por todos los ultrajes y por todas las maldades cometidas.

Cuando llegue la hora de la expulsión de Lucifer del mundo, todas sus tropas caídas serán colocadas en bellos diamantes de luz, que los ángeles elevarán con su canto y alabanza hacia Universos muy semejantes a este.

El Ojo vivo de Dios, en esa hora definitiva, estará mirando y contemplando a la humanidad, mientras las tribus se reunirán, en torno de la Divina Señora y Gloriosa Madre. Se prepararán para recibir a su Maestro y Rey, en Su segundo Retorno al mundo. Se encenderán luces desconocidas sobre el planeta, que serán vistas en Oriente y en Occidente.

Los antiguos patriarcas del desierto y los profetas, reaparecerán en la humanidad como seres vivos y resplandecientes. Todos los concejos antiguos de esta humanidad, seguirán el caminar de su Glorioso Rey y con una mirada serena y paciente, fija en el horizonte, verán venir al Señor entre las nubes. Escucharán en su interior la Palabra y el llamado de Adonai.

Todos estarán atentos en ese momento, porque el planeta estará en un gran movimiento universal. Será la hora marcada y definitiva en donde el real tiempo, aquel tiempo esperado por todas las legiones de la Tierra, por todos los pueblos del desierto y por todos los seres de buena voluntad, ingresará en la consciencia planetaria. Una nueva señal se dará en el Universo; una estrella más brillante que el Sol, en la esencia del Espíritu Santo, brillará en el firmamento, muy cerca de la Cruz de Sur.

Escucharán así los consecuentes (primero en su interior), las palabras sobre el retorno de su Rey. Todos abrirán sus oídos internos y así podrán reconocer en su interior, que llega la hora esperada.

Los señalados por la Santa Madre de Dios, sentirán un gozo y una alegría inexplicables. Después de haber encendido el espejo de sus corazones, estarán en absoluta y en definitiva unidad con el Rey. Así se dará una profunda comunión con la Nueva Humanidad.

El Rey, en compañía de los sabios y de los profetas, mostrará para el mundo las Tablas de la nueva Ley; aquellas Leyes que harán repoblar el nuevo planeta. Todos escucharán con atención los nuevos Mandamientos, que tendrán como base fundamental, amar a Dios sobre todas las cosas, como también amar a sus semejantes.

La Santa Trinidad descenderá. Finalmente, después de tantos errores y de tantos cometidos, las almas, en total plenitud y confianza, estarán en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Amén.

La última trompeta, que por indicación del Arcángel Gabriel, sonará en el plano espiritual de las consciencias, traerá una nueva consciencia en la humanidad y muchos reconocerán sus pecados, sus acciones e indiferencias; sobre todo, los ultrajes cometidos a los sagrados Reinos de la Naturaleza.

Como de la nada, las almas escucharán la esencia de los Reinos. El alma grupo de cada Reino hablará por sí sola. Y esa comunicación, que nunca se ha podido dar entre los hombres y los Reinos, será concedida por el propio Dios. En el momento en que esto suceda, la Nueva Humanidad tomará consciencia de todo el sufrimiento ocasionado a través de los tiempos y de los siglos.

Las puertas de los más sagrados recintos se abrirán. Lo que antes era invisible y oculto, se tornará visible y material para todos. Nadie podrá creer lo que verá y la Nueva Humanidad tomará consciencia de Quiénes, en verdad, han acompañado al mundo, desde los principios de este Proyecto humano. Ellos tendrán escritos en sus pechos, como letras de fuego, las leyendas de los más grandes sabios, que acompañaron a la humanidad a través de los tiempos y que hicieron posible, que esta humanidad, la humanidad de hoy, todavía no se autodestruyera.

Las almas que fueron congregadas por la Madre del Mundo y por el Amor de la divina Señora, se postrarán en el suelo, colocarán sus manos sobre sus rostros y llorarán, porque el mundo y la vieja civilización no tomaron consciencia de esto, de la presencia de los más grandes sabios, en los recintos más internos de la Tierra.

En el desierto de Mongolia se proclamará una voz, que ha estado muy silenciosa a través de los tiempos. Un antiguo y gran Patriarca se mostrará a la humanidad y en su más cálido y expresivo amor, mostrará para las almas consecuentes un divino y sagrado legado, bien guardado en sus corazones de oro; porque las almas verán brillar como el oro el corazón de ese gran sabio, y así comprenderán que un sagrado conocimiento guardado en los mundos internos, será entregado como llave para los que repoblarán la Tierra.

Durante los mil años de paz no será necesario sufrir, porque en verdad les digo que la Nueva Humanidad finalmente habrá aprendido que no era necesario seguir por ese camino y estar apartado del Amor de Dios.

En este tiempo, la santa Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo estarán presentes sobre la humanidad. El Hijo de Dios visitará la Tierra muchas veces, y en esa hora muchos conocerán Su verdadera Faz. No solo verán al Nazareno, sino al Hijo de Dios glorificado en Su más simple humildad y misericordia. Los corazones sentirán en aquel momento, la grandeza del Amor de Dios y Su infinita Piedad.

En esos tiempos que llegarán, todo será más pacífico. Ninguna nación se opondrá a otra nación. Las humanidades no estarán en contra de las Leyes de Dios, ni tampoco de los principios que rigen los Universos. De esta forma, la Tierra prometida llegará. Saldrá viva de las Escrituras y estará materializada en este planeta, en los nuevos congregados por la paz.

Y cuando los recintos más sagrados estén abiertos, como puertas de luz y de gran consciencia, a los ojos de todos los merecedores, el Hijo de Dios, más brillante que un sol y que cientos de estrellas, hará la comunión con Su nuevo pueblo. Las fallas cometidas en el pasado se borrarán. Habrá un corte en el tiempo y en el espacio de toda la historia de la humanidad, desde el principio de Adán hasta antes del nacimiento de Cristo, y después de la ascensión de Cristo hasta el presente. Esos tiempos serán extirpados y en la memoria de los más humildes prevalecerá el recuerdo de su Maestro y Señor, en Israel.

Cuando las Santa Comunión de la nueva alianza entre los consecuentes y Nuestro Padre Dios sea entregada, se fundirá en cada consciencia la esencia de la Divina Trinidad y todos estarán en un gran gozo; una alegría inmensa los colmará. Alegría, gozo y gloria que durará por mil años.

Y finalmente, después de esa Santa Comunión y de esa nueva alianza con el Glorificado Rey, el Pastor de las multitudes y de todas las razas, hará que todos los pueblos, que todas las naciones y todas las lenguas se comprendan, como nunca antes se comprendieron, porque vivirán finalmente en el amor.

Las armas más peligrosas serán retiradas del mundo. No habrá arma más potente que la que tiene Dios a través de Su Corazón, que es el poder de Su Amor.

La Tierra, en los días del Juicio Final, se librará de muchas cosas. La Tierra ya no temblará, los mares no se agitarán, cuando el Hijo de Dios venga entre las nubes, encendiendo todo el Universo sobre la humanidad dormida.

Vengo así en este día, a dar continuidad a la profecía que una vez prediqué en el Templo. Dichosos de aquellos que creen en lo que les digo, porque los tiempos pasarán, mas Mis Palabras se sembrarán en los corazones simples. Que así sea.

Escuchen la Voz del Maestro con amor, para que los nuevos códigos que están siendo sembrados ingresen en la consciencia de todos. Y de aquí a seis meses de su tiempo, no se reconocerán.

Hoy Dios quiere, que el Hijo de Dios sea nuevamente el Sacerdote Mayor, para todas las criaturas de la Tierra y todos Sus seguidores.

Que las almas sean ungidas por el espíritu sagrado de la cura, para que en ella se cumplan los designios de Dios. Amén.

Estoy vertiendo los Rayos de Mi Gracia sobre todos los elementos ahora expuestos, para que Mi Gracia se multiplique en toda la humanidad. Y ahora no son solo ustedes los que reciben Mi Misericordia, sino todas las razas y culturas de la Tierra, a donde Yo iré a su encuentro, en poco tiempo.

Es así como a través del misterio de la comunión, de todos los panes y vinos ofrecidos en Mi Altar, Yo multiplico en esta hora todos los Rayos de Mi Gracia, para que lleguen a todas las culturas del mundo y Mi Voz sea escuchada en todos los continentes y en todas las lenguas. Recuerden que aún tengo esa aspiración. No demoren, porque muchas almas agonizan sin poder reencontrar al Señor y sin siquiera poder comprenderlo en su propia lengua.

Mi Mensaje de Paz en esta Sagrada Semana, se extiende al mundo entero y sobre todo a aquellas regiones del planeta que no viven la paz, solo la guerra y la destrucción.

Hoy he reunido a sacerdotes y adoradores, porque Mis sacerdotes representan a Mis discípulos y los adoradores al pueblo de Dios, aquellos que escuchan la Palabra Viva que proviene del Corazón de su Maestro.

Es así que a través de estos elementos, compañeros, Estoy confirmando que son Mi Cuerpo y Mi Sangre, y que también Mi Palabra, la Palabra de Dios, llegará a los lugares más lejanos del mundo, por la obra y la acción de sus seres, en este Plan, unidos a su Redentor.

Europa deberá reabrir las puertas, para que los Sagrados Corazones lleguen a Asia y Oceanía en un próximo ciclo.

Hoy Mi Corazón les muestra el deseo ardiente de visitar Japón, Tailandia, Corea del Sur y Australia, en donde Mi Mensaje se multiplicará para el mundo y para todas las almas que allí se encuentran.

Eleven su oferta a Dios.2

Quédate en paz, hijo Mío, Mi Gracia está sobre ti. Te agradezco.3

Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a todos los seres de buena voluntad.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Les agradezco queridos compañeros, por haberme acompañado hoy en esta sagrada proclamación de la Divina Profecía de Dios.

Les agradezco.

 

 

1. Cristo se refiere a una interferencia en los micrófonos.

2. Se oraron el Padrenuestro en portugués, español, inglés y arameo.

3. Anotación que Cristo dirigió al hermano que recitó la oración en inglés.

 

Abr

11

11 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Hijos de Mi Padre, escuchen bien lo que les diré:

Aquí está presente el testimonio de Mi Amor vivo por ustedes. Dichosos los que lo contemplan de corazón, porque merecerán la vida eterna.

Escuchen, tribus de Israel, hoy extendidas por toda la Tierra. Escuchen, pueblos de Oriente. Escuchen, pueblos de Occidente, que Mi Voz resuena en los cuatro puntos de la Tierra.

Escuchen a su Señor, que está declarando a la humanidad el último tiempo de Su Misericordia.

Levanten las banderas de la paz entre todas las naciones de la Tierra. Enciendan en sus corazones la llama de la pacificación. Que entre hermanos se reconcilien. Que entre las tribus se unifiquen y que todos sean exaltados por la venida del Hijo de Dios.

Aquí está el testimonio de Mi Amor por ustedes, hecho Cuerpo y Sangre, para la reconciliación de la humanidad con Dios. Dichosos son los que lo contemplan en
la Adoración y en la Comunión.

Escuchen Mi Voz, tribus de Israel. El Señor Todopoderoso está enviando a Su Hijo por segunda vez. Dichosos de los que creen en Sus Palabras, porque sus ojos se abrirán para poder verlo, cuando Él llegue en el momento menos esperado, glorioso y sublime entre las nubes, anunciando al mundo el fin del dolor y el resurgimiento de la esperanza en los corazones.

Tribus de Israel, hijos de David, ya no se opongan los unos a los otros. Que las naciones ya no se levanten las unas contra las otras. Mucha sangre inocente está siendo vertida en el mundo.

Hoy vengo aquí por Mi amada Tierra Santa, por Egipto, por Eritrea, por Sudán, por Siria, por Turquía y por Grecia. Que escuche la humanidad la Palabra de Dios, mientras los ángeles se postran ante la Divinidad del Hijo de Dios.

Resígnense por aquellos que no lo hacen. Humíllense por aquellos que no se humillan ante Dios. Que escuchen la Palabra de Dios, todos los corazones. Que escuchen la Palabra del Hijo del Padre, impregnada por Su Divina Misericordia y por Su profunda Piedad.

Que se unan las lenguas y los pueblos. Que ya no existan las fronteras ni las barreras. Que cada uno acoja a su hermano y semejante, para que el Reino de Dios los guíe en esta hora sangrienta de la humanidad.

Sean bendecidos los presentes, por Nuestro Padre Abba. Sean bendecidos los que no son bendecidos. Que reciban del Corazón del Hijo de Dios el aliento para retornar a la esperanza, la alegría para seguir viviendo, la cura para sanar sus heridas más profundas.

Quiero que escuchen la voz de Aquel que estuvo entre ustedes como Hermano y que nuevamente en esta semana, vuelve a verter Su Sangre Espiritual sobre el mundo, para que la Justicia Divina no descienda sobre gran parte de la humanidad.

Quisiera que hoy sus corazones, ante la adoración de Mi Cuerpo Eucarístico, terafín universal de todas las humanidades, ustedes pudieran asumir con consciencia y de corazón a las naciones del mundo, que sufren su propia agonía. En esta Sagrada Semana ofrezcan, amigos Míos, Mis siete agonías por Egipto, Eritrea, Sudán, Nigeria, Israel, Grecia y Siria. Yo dejé en aquel lugar un tesoro para el mundo, que muchos aun están buscando, en su peregrinación de fe.

Pero vengo aquí a Sudamérica, para demostrarles la Omnipresencia del Hijo del Altísimo, porque en Su Omnipresencia, Él ama a Sus criaturas, en la esencia de sus espíritus y almas, constituidas por la molécula del Amor de Dios, desde el principio de su existencia.

Hoy no solo quiero que sean corazones sinceros, sino fieles a Mi Llamado. Estoy abriendo las puertas para que ingresen a las nuevas escuelas que Mi Corazón les ofrece, en Su inmensidad e infinidad.

Hoy siete adoradores de esta Orden que Yo he constituido, ofrecerán a Su Señor, a Su Santísimo Esposo Eucarístico, la llama de sus corazones, encendiendo una vela a los pies de este Santísimo. Y lo harán por cada una de las naciones que Yo he nombrado, que sufren el terror y la pérdida inmensa de Mi Divina Misericordia.

Las espero para poder continuar. Mantengan su atención en el Santísimo Sacramento del Altar, porque Mi Cuerpo Eucarístico y Mi Divinidad están presentes, trabajando con el mundo entero.

Entonen esa canción, mientras espero.

Y así, Yo les encomiendo, queridas hijas, que oren, al igual que muchos más, por cada una de las naciones que he nombrado, las cuales son parte del dolor de Mi Corazón, en esta Sagrada Pasión, que en este tiempo, estoy compartiendo con todos ustedes.

Alivien la agonía de Mi Corazón, para que, pudiendo salir de sí, se unan a Mí, como tantos siervos Míos, para clamar por esta raza, que está perdiendo su proyecto. Pero Mi Divina Misericordia supera todas esas cosas, cuando sus corazones se unen a Mí en constancia y fe, y a pesar de lo que suceda, responden a Mi Corazón Misericordioso, para que Yo pueda ser Misericordia en ustedes y ustedes sean Misericordia en el mundo, que está sufriendo muchísimo.

A todas Mis hijas y Mis hijos adoradores, hoy les entrego el mayor tesoro de Mi Consciencia, que es la Comunión espiritual de su Maestro y Señor. Porque cada vez que adoren al Santísimo Señor, en el silencio de sus espíritus, deben saber que estarán comulgando plenamente todos los días Conmigo, hasta que se pueda cumplir Mi Plan de Paz.

Los ángeles, al igual que ustedes, criaturas semejantes a Dios, tienen en sí el potencial de divinizar las cosas, cuando aman profundamente y en confianza.

Les pido a todos Mis siervos, consagrados o no como adoradores, que cada día más se animen a penetrar en este misterio, en este terafín y en este símbolo, que los elevará en humildad, renuncia y sacrificio, por todo lo que su Maestro desea cumplir en el mundo.

Hoy, a cada uno de ustedes, compañeros, los tomo de la mano, para que acompañen a su Señor en esta agonía, que Él ve suceder en el mundo, día tras día, y que no se detiene. Pero el Poder de Dios es más fuerte que todos los hombres y que todas las naciones.

¡Ay de aquellos que hacen el mal a sus hermanos! Porque en el día de Mi venida al mundo, Me temerán, por tanto Amor que Yo emanaré para todos los confines de la Tierra, hasta que surja la nueva humanidad.

Hijos de Mi Padre, reverencien a Aquel que viene entre las nubes, trayendo el Amor de Dios y la Misericordia, y haciéndola viva en todos los que confían en Su Sacratísimo Corazón.

Yo estoy aquí para estar cerca de ustedes y no separarme jamás, porque lo que Yo tengo para cada uno es eterno.

Mientras preparo el altar, para bendecir el agua que bautizará a las almas en el Espíritu Santo, unámonos en este momento a la Fuente del Amor de Dios, que es la que santifica a las consciencias que se unen para vivir en sus esencias estos sacramentos, en representación de muchas almas más.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

El Señor se está preparando para vivir el momento más doloroso de Su Pasión por la humanidad. Y ustedes deben ser sacramentados, para poder acompañarlo en este camino de búsqueda incesante de Su Corazón.


Señor, exorciza este incienso, para que sea tan sublime como los ángeles del Cielo, que liberan de las fuerzas del mal de todas las criaturas de la Tierra.

Padre Eterno, bendice esta agua, para que sea más casta y más pura, y sea tan bendita así como Tú lo eres en el Universo.

Amado Padre, bendice estas velas, para que sean Luz Divina en el mundo, así como Tú te hiciste Luz y expansión de Consciencia en todo lo creado. Amén.

Señor, Adonai y Padre Altísimo, Tú que creaste el agua para generar la vida en las consciencias; Tú que hiciste nacer este elemento, para que todos pudieran aspirar a encontrar Tu sublime castidad; Tú que has dado este elemento a todos los planetas y estrellas, para que este agua se comportara como una Fuente de cura y reparación de todas las heridas que Tus criaturas vivirían a través de los tiempos, haz que ella deje Tu Amor, para aquellos que serán sacramentados en este día. Haz, Señor, que ella, en su castidad y esencia, expurgue, purifique y limpie lo impuro, para que en cada corazón que será santificado, encuentre la cura, la renovación y la paz. Que así sea.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Aquí, en este momento, Adonai y a través de estos elementos, que son parte de los humildes que aran la tierra para que nazca el trigo, y de los que cosechan la vid, para nutrir sus cuerpos, hoy Me vuelvo a entregar a Ti,  eñor, tan pequeño, humilde e insignificante entre Tus hijos, para que a través de esta transustanciación, los corazones encuentran refugio en Mi Espíritu.

Elevo Señor, esta ofrenda, Adonai, Emmanuel, Abba, a los pies de Tu altar, para que sea derramada Tu Gracia en Mí, y Mi Gracia sea en ellos, en todos los que sufren y padecen las guerras. Que así sea.

Y hoy también pediré una canción, compañeros, para poder elevarla a Dios, clamando por esta Misericordia para la humanidad; una canción que representa el amor a la Palabra de la Jerarquía Universal y Celestial, porque Mi Palabra es como el agua que quita la sed. Mi Palabra es agua viva.

Les agradezco por estar en Mí y por permitir que Yo esté en ustedes.

Oremos un Padrenuestro por todo el planeta.

Abr

10

10 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Hoy Mi Iglesia Celestial está aquí y vine a sacramentarlos primero, para que alcancen, al igual que Yo, la santidad.

Vean cuán importantes son, compañeros, los elementos sagrados en Mi Altar. Ellos son parte de Mi Iglesia Celestial extendida en los confines del Universo, entre las dimensiones y en todos los planos de consciencia.

Esta es la verdadera Iglesia que Yo quiero que alcancen, porque ustedes pueden ser parte del pueblo de Dios y estar así dentro de Mi Iglesia Celestial. Cuán importantes son estos elementos, para que las almas puedan recibir las Gracias, la cura espiritual y fundamentalmente, la redención.

Hoy he sacramentado cuatro sacerdotes, en representación de muchos más, que Me sirven a lo largo y ancho del mundo. Si el sacerdote no está unido a Mi con todo su corazón y su alma, la Iglesia Celestial no puede descender, ni aproximarse a las almas.

Estas cuatro almas que hoy Sacramenté, representan a los pastores de Emaús, aquellos que confiaron en Mi Resurrección y que en el último instante de sus vidas, cuando sus consciencias despertaban, Me recibieron sin percibirlo y confirmaron en sí la confianza en Dios, en el Padre Eterno.

Hoy quiero extender esta Iglesia del Universo para todos, porque es necesario que ingresen en ella, para que nuevamente, compañeros, sean bautizados, ungidos y bendecidos por el Espíritu Santo, que es el que reúne el valor de todos los sacramentos que son ofrecidos en este planeta.

Quiero que sientan dentro de Mi Iglesia los ángeles de Dios, que vienen a participar de este encuentro Conmigo. Abran sus corazones e ingresen en Mi Iglesia Celestial, para que puedan encontrarse con el Padre Celestial, en esta hora tan aguda del planeta, en donde muchas almas, hacen sumergir a otras en los abismos del error y del pecado.

Como Sacerdote Mayor, quiero que hoy todos se sientan sacramentados por Mi Espíritu, recordando que el principal sacramento para sus vidas es la Eucaristía y que toda la fe que le puedan dar, representa en estos tiempos, un valor incalculable.

Ahora, haré posar Mi Iglesia Celestial sobre sus almas. Quiero que se arrodillen y vayamos a Su encuentro.

Vean a los ángeles descender del Cielo y traer en sus corazones la Gloria de Dios, para que se exprese desde las alturas, en todos los seres de buena voluntad.

Mientras Mi Iglesia se abre para todos, llegó el momento de la gran invocación, porque Aquél que está en los Cielos y nos da la vida eterna, por siempre debe ser alabado y honrado.

Poderoso es Su Amor. Grandiosa es Su Misericordia.

Dichosos todos los que se unen a Su Fuente Primordial.

Mientras los ángeles se aproximan a Mi Iglesia, alabaremos a Dios y a su Santo Nombre, en las palabras sagradas del Kodoish melódico. Todos canten de corazón mientras las puertas se abren, para revelar el misterio de Mi santa Iglesia Celestial.

La Iglesia Celestial está basada en un gran tesoro del Padre: el Arca de la Santa Alianza, que guarda las mayores experiencias de amor vividas desde el principio de esta creación.

El Arca representa la síntesis de todo lo creado, y allí se expresan los Dones de Dios, entregados por el Santo Padre, a las diferentes humanidades.

El Arca es contemplado por los seres celestes y por todos los ángeles del cielo, que participan de la comunión perpetua, con este símbolo sagrado de Dios.

Vean también dentro de él, el Santo Grial, instrumento fiel que estuvo entre Mis Manos, durante la última cena, cuando Yo pude instituir, una alianza inquebrantable entre los hombres y Dios.

Santo es el Todopoderoso que ha permitido que estas reliquias que provienen del Universo y de la Tierra, sean guardadas en el Santo Arca.

Los fieles patriarcas de la historia de su humanidad, tuvieron contacto con este símbolo espiritual, para saber cómo alcanzar la unión con la esencia espiritual de Dios, algo que se guarda en Su infinito Corazón, y que es altamente invisible.

Cuatro ángeles custodian el Santo Arca para que sea protegido, y al mismo tiempo adorado, porque Dios guardó en su interior, los instrumentos espirituales, también inmateriales, que El utilizó para generar la Creación, que son sus más profundos Dones, Sus deseos puros y verdaderos de que exista en este Universo, una sagrada humanidad, que lo pueda amar mucho más de lo que Él ama a toda la Creación. Por eso Yo vine al mundo, para extender el misterio del Santo Arca, a través de Mi encarnación en la Tierra, como uno de los principales Aspectos de Dios, expresado a través del Amor-Sabiduría.

El Arca también fue colmado por Mi Sacrificio en la cruz y en cada paso de Mi Pasión.

De allí brotó el nuevo conocimiento para el hombre de superficie, porque cuando Mi Sangre fue derramada, los santos Ángeles, a los pies de la cruz, la recogieron para depositarla espiritualmente dentro del Arca que guarda la historia de esta Creación y que solo Dios y los Arcángeles conocen.

¿Por qué hoy les revelo esto? Amables amigos míos, es para que sus espíritus, que han sido víctimas del sufrimiento y también de muchos errores cometidos a través de los tiempos, puedan bañarse con la esencia Divina del Santo Arca, y surja una nueva oportunidad que será inexplicable para sus vidas, en los próximos seis meses.

Si esta aspiración de Dios, que Él derrama hoy a través de Su amado Hijo aquí presente, entregándoles la revelación del Santo Arca, y si toda la aspiración y el proyecto pensado para esta Sagrada Semana, fuera verdaderamente considerado por sus corazones, y valorado, como nunca antes han valorado nada, podría decir, que al menos una parte del mundo no temblará.

Si su confianza fuera plena, en este misterio del Santo Arca, guardado en el Centro de la Iglesia Espiritual de Dios, las almas podrán recibir una gracia máxima que nunca recibieron, para que sus consciencias y la vida planetaria sean regeneradas en este tiempo final.

El Arca Sagrado, contemplado y adorado por los Ángeles del Cielo, es custodiado por dos menorá. Cuando las catorce velas encendidas en los dos menorá se consuman completamente, después de estos siete días Conmigo, del Universo llegará un gran anuncio para la humanidad, para que muchos más puedan despertar, y responder al Llamado de Dios, uniéndose como una única raza y reconstruyendo las bases de la consciencia planetaria, para que finalmente, surjan los primeros impulsos de una Nueva Humanidad.

La Iglesia Celestial es permeada por la Sagrada Presencia del Santo Arca, para que la alianza entre las almas y Dios, se vivifique en estos tiempos, y despierten nuevos patrones en la conducta de la humanidad.

Ahora sacramentaremos los elementos colocados en el altar, para que sean fuente de salvación para las almas. Pueden sentarse.

El Señor Dios Todopoderoso, se hizo pequeño e insignificante a través de Su Hijo, y Su Hijo, al mismo tiempo, se hizo más pequeño y humilde entre los humildes, para que muchos pudieran alcanzar la luz y la redención. En este misterio que hoy les revelo, el pan y el vino representan el esfuerzo de los hombres de la Tierra, para generar en sí, los méritos que les permitan ingresar, en la Fuente de la Vida Divina.

Valiosos son los sacrificios ofertados en el altar de Nuestro Padre, porque por más pequeños que parezcan, Dios contempla, a través de ellos, el absoluto amor que cada alma puede entregar con cada nuevo paso que da.

El pan y el vino, convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, representan para las almas de la Tierra, una gran Fuente de Sabiduría eterna y la posibilidad de encarnar en sí, con mucha fe, los Dones del Creador; por eso, los ángeles participan del momento de la transustanciación: para que la vida, toda la vida humana, también reciba esta transfiguración de sus células, así como Su Señor, Jesús el Cristo, se transfiguró en el Monte Tabor, para revelar al mundo, quién era Él en verdad, en esencia y en espíritu.

Ustedes también, compañeros, tienen una esencia verdadera, que es atacada por Mi adversario. Yo vengo del cielo para apartar de sus vidas, todo lo que los separa de Mi camino, porque después de todo, lo que deseo profundamente, es que se amen los unos a los otros, de la misma forma que Yo los amo, a través de Dios. Que así sea.

Hoy, sus ángeles de la guarda participan de este momento. Alegren sus corazones y sonrían a la vida que Dios les entregó, para que Mis Misericordias, puedan seguir derramándose en el mundo entero y de esa forma, las guerras terminen, los conflictos cesen, y el triunfo de Mi Corazón se concrete en la humanidad. ¡Aleluya, Aleluya!

Yo bendigo estos elementos para demostrarles el testimonio de Mi Amor por la humanidad. Bienaventurados los que participan de este encuentro, porque estarán entregando a Dios, Mi dolorosa Pasión por la salvación de este planeta, de sus continentes y océanos, de todo lo que fue creado desde el principio, desde los minerales, vegetales, animales y todo ser viviente que vibra en este Universo, como portador de la paz.

Los códigos que Yo derramé en la última Cena, están guardados en el Santo Arca. Dichosos sean los que lo contemplan de corazón, porque sentirán en sí, la nueva vida.

Mientras Mi Iglesia se muestra al mundo, para que la espiritualidad en la humanidad sea restaurada, hoy quiero que ofrezcan a Dios, un cántico originado en esta comunidad, que ha dado muchos frutos. Este cántico revela un misterio: la simplicidad de estar unidos a Dios, en la trascendencia de sus seres.

Hoy quisiera que todos los consagrados de las Comunidades-Luz, los Guardianes y Vigilantes, llamados “Residentes-Luz”, se acerquen a este altar, para cantarme este cántico, que será llevado a Dios.1 También pueden estar aquí los misioneros.

Enciendan las llamas de amor en sus corazones, porque este momento es único para el mundo, y no podré decirles, cuántas veces más se repetirá, porque la Tierra y toda su raza, está en su gran auge de purificación, intentando ser llevada a las puertas de la redención.

Quisiera decir a los Residentes Luz, que ellos representan para Mí, las semillas de los nuevos patrones para esta humanidad, que estando en su sufrimiento, se ha apartado del amor. A ustedes, queridos guardianes de Mis Centros de Amor, les doy la bendición, para calmar sus corazones y alegrar sus espíritus, por este sagrado reencuentro.

Tengan fe, porque Yo estoy, más cerca de lo que parece.

En nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Cantemos con alegría.

Si algún día pierden la esperanza, recuerden que esta canción los aproxima al Cosmos y al Infinito, a lo profundo de sus esencias, para que se pueda concretar, la Sagrada Voluntad de Dios, en todas Sus criaturas.

Yo los bendigo por la autoridad Celestial, que el Todopoderoso Me concedió como Su Primogénito, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

1. Cristo se refiere al cántico: “Soplo del Espíritu”, que es entonado por toda la Comunidad-Luz.

 

Abr

09

9 de abril de 2017 - Centro Mariano de Figueira, Brasil

Sagrada Semana

Es una alegría encontrar a aquellos que persisten. Por eso hoy he venido a sacramentarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Es una alegría encontrar a los que adoran a Mi Corazón y que buscan a través de este camino fortalecer su alianza Conmigo, para que se difunda Mi Paz en el mundo.

Hoy estoy con San Rafael y San Gabriel Arcángel. Han venido a dar comienzo a esta Ceremonia. Son los portavoces de la Fuente Primordial; los que traen la cura y la redención para la humanidad.

Necesito que con esto comprendan, compañeros, que sus consciencias hoy dieron un paso por la humanidad. Y Dios viene a su encuentro en Su Gloria, con todos Sus ángeles y santos para proclamar el triunfo de Mi Sagrado Corazón.

Así como estuve a las puertas de Jerusalén hace más de 2000 años atrás, hoy estoy a las puertas de sus corazones, para proclamar:

¡Aleluya, Glorioso es el Padre que está en los Cielos!

Benditos son aquellos que vienen al encuentro del Señor, para despertar su fe, su amor y su confianza en el Primogénito; en Aquél que nació de la poderosa Fuente del Amor.

Hoy entonan los coros en esta parte de la Tierra, por el descenso de Mi Consciencia Sacerdotal, para que en la otra parte del mundo las tinieblas sucumban, así como fue hace 2000 años atrás.

Crean que esto está sucediendo hoy. No podré permitir que nadie muera, pero sí podré conceder en este tiempo de caos, la Gloria de Mi Reino.

Benditos sean los que vienen al encuentro del Señor y abren sus corazones, para ser liberados de las amarras y despertar sus compromisos con Aquél que vendrá en Gloria en Su segundo retorno, y que será visto entre las nubes encendiendo los Espejos del Amor, para que el mal desaparezca del planeta.

Alabados sean los que hoy están aquí, en nombre del Señor, en servicio incondicional y en amor permanente, para que el mundo, que está herido, sea curado con sus oraciones y entregas.

Benditos sean los que hoy se consagrarán como Adoradores de Mi Cuerpo Eucarístico, porque serán los primeros y también los últimos que abrirán las puertas, para que muchos más ingresen al Sagrado Templo de Mi Corazón.

Hoy los espíritus impuros que vagan por el mundo, están siendo paralizados. Bendito es el Reino del Señor. Nadie puede resistirse a Él, porque es muy grande Su Misericordia.

Enciendan ahora las llamas de sus corazones. Enciendan sus espíritus ante la presencia del Hijo de Dios. Su Sagrado Corazón penetra las entrañas más profundas de sus seres, para que así se establezca la Comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

Coloquen sus manos en señal de recepción, para que Mis Gracias puedan ser derramadas y sus corazones se liberen de cualquier agonía.

Benditos sean los que lloran ante la presencia del Señor, porque ellos serán consolados y recibirán de Su Padre Celestial la bendición universal, Su Sacratísima Llama de Amor y todo el poder de Su Gracia.

Benditos sean los humildes que vienen a ver al Señor, porque no esperan nada para sí; solo honrar y adorar a la Segunda Persona de Dios, a través de Su Amadísimo Hijo.

Hoy, espiritualmente compañeros, vengo a lavar sus pies; para que estén purificados, limpios y puros en esta Sagrada Semana. Crean que lo estoy haciendo en este momento, junto con todos los ángeles del Cielo, que también lavan sus pies para revelar al mundo, la santísima Humildad de Dios.

Benditos sean los que vienen al encuentro del Señor. Las puertas del mal sean cerradas, para que descienda el Universo Celestial sobre todas las criaturas que lo invocan y lo claman, en la perfecta sinceridad de sus corazones.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

En este momento, el Señor está mostrando a los bienaventurados, a los santos y a los evolucionados y un gran cielo celeste de luz, que está sobre nuestros seres.

Jesús está abriendo de nuevo un libro y lo está leyendo. Las palabras escritas en ese libro son de oro y Él las contempla en un profundo silencio. Las hojas que Él va pasando se iluminan, así como se ilumina Su Corazón, como un gran sol. Alrededor de Su Corazón aparecen puntos de luz, que forman círculos entre sí y rodean Su Sagrado Corazón. Él me dijo que esos puntos son almas glorificadas, que se encuentran presentes en la Tierra y que han venido en este fin de tiempo, de otros Universos y de otras escuelas, a cumplir su compromiso final y a sellar su alianza con el Primogénito.

El libro desapareció. Ahora, Él está extendiendo Sus Brazos en forma de cruz. Él dice: Yo Soy el Redentor. Todos los que vienen a Mi Corazón, no se perderán, porque Mi Corazón es un refugio para la vida eterna.

Ahora, San Gabriel y San Rafael Arcángel tienen un cáliz entre sus manos. El Sagrado Corazón de Jesús está derramando Sangre sobre ellos. Esa Sangre se vierte sobre los cálices. Son cálices dorados y grandes, que provienen del Universo Celestial. Los Padres Creadores se arrodillaron para recoger la Sangre que vierte del Corazón de Jesús.

Y el Señor sigue extendiendo Sus Brazos en forma de cruz, como aquellos que se consagran a la vida, a toda la vida consagrada, como todos los que se consagran a Él.

Por encima de nuestro Señor, está la paloma del Espíritu Santo, como un ave de fuego que emana doce rayos a través de sus alas, sobre diferentes puntos de la Tierra.

Jesús está llorando, con Sus Ojos cerrados. Debajo de los cálices de los Arcángeles, aparece una imagen del planeta. Y debajo del planeta, cuatro ángeles querubines que sustentan a nuestro mundo.


Postrados:


Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo
os adoro profundamente
y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo,
Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo
presente en todos los sagrarios de la Tierra
en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias
con que Él es ofendido
y por los méritos infinitos de Su Santísimo Corazón
y del Inmaculado Corazón de María
os pido la conversión de los pobres pecadores.
Amén.


Lleven Mi Sangre al mundo, para que nadie más la derrame y no sean sacrificados los seres de esta Tierra, por el falso poder, ni la soberbia humana.

Vengo aquí a darles Mi alegría, pero también Mi confianza. Y en esa confianza se encuentra Mi dolor, el que muy pocos aceptan, por ser un dolor muy grande, que espiritualmente aspiro compartir con los Míos, hasta los últimos días de la Tierra.

Esta es la Sangre que vengo a verter sobre el mundo. Esta es la alianza que entrego a Mis seguidores. Este es el mayor Sacramento de reconciliación con Dios.

Ahora que están purificados, podrán ingresar al Portal de Mi Paz y de toda Mi Gloria, en donde les revelaré Quién soy en esencia, por qué ahora estoy retornando al mundo y he escogido esta casa para comenzar a hacerlo, para abrir las puertas al retorno de Su glorioso Rey.

Cuando oran y cantan de corazón, sin expectativa alguna, sin buscar nada para sí, Mi Corazón, que es humano y divino, es aliviado por todos aquellos que con fervor, proclaman su fe en Mi Consciencia. Esto Me trae la esperanza de volver a visitarlos a ustedes y a sus hermanos, para que el mundo Me escuche y sepa que en verdad estoy aquí, en esta parte del planeta y con esta parte de la humanidad, para poder ingresar en el corazón de los Míos.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Los Arcángeles Gabriel y Rafael se elevaron. Acaban de elevarse al Cielo, llevando los cálices entre Sus manos.


Mi Sangre derramada hoy sobre los cálices, es el ofertorio de sus almas, para que descienda aún más Mi Divina e Insondable Misericordia; para que descienda la piedad en donde no existe la paz y en donde reina el sufrimiento, en estos tiempos finales.

En este primer día, los invito a ser parte de Mi Obra planetaria. Fueron escogidos para llevar Mi Mensaje al mundo. Ustedes son almas muy diferentes, pero en esencia son iguales, en los grados de amor. De estos grados de amor Yo Me sirvo para que, después de esta Sagrada Semana, definitivamente, Mi Sagrado e Insondable Corazón, con todos Sus ángeles, ingrese a Asia.

Benditos sean los que creen en la Palabra del Señor, porque en el próximo mundo tendrán sabiduría eterna.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Acaba de llegar San Miguel Arcángel, que está por encima de nuestro Señor. En Su mano derecha lleva una lanza; en Su mano izquierda lleva un escudo de plata y es semejante al ser humano.


Él vino a anunciar Su victoria sobre las tinieblas de la Tierra, porque hoy se han salvado en el mundo 130.000 almas que estaban perdidas y que comenzarán su camino de redención, para encontrarme algún día, así como ustedes Me encontraron y Yo los encontré a ustedes, en lo más íntimo de sus corazones.

Alabemos a Dios por Su Infinita Misericordia.

Bendigamos este altar, para que cada espacio sea digno de recibir Mi Gracia. Que así sea.

Por último quiero agradecer a sus corazones y sobre todo a sus almas, por seguirme. A pesar de lo que suceda, no perecerán. Yo triunfaré en sus vidas y más allá de ellas.

Unámonos ahora a Adonai, invocando Su Misericordia sobre un mundo herido.

Recuerden que aquí Yo siempre les dejo, a través de la comunión con Mi Cuerpo y con Mi Sangre, el símbolo de su salvación, de su redención y sobre todo, de su paz.


Fray Elías del Sagrado Corazón:

Él está imponiendo Sus Manos sobre los elementos y está orando en arameo.


Y ahora llegó el momento compañeros, de los que formarán parte de esta congregación de amor, que intenta todos los días aprender a vivir en Mi Gracia y en Mi Transparencia celestial.

He escogido una canción que todos Me cantan muy bien, la cual aprecio porque Mi Padre la valora, por la inocencia que las almas pueden encontrar cuando la cantan. Este será el cántico de los Adoradores, para que también a través de ellos, se proclame el Reino de Dios.

Escucharé con Mis Oídos internos la pronunciación de estas palabras, grabadas en ese cántico, para que así, los Adoradores reciban en este día, Mi Bendición, para que muchos más, también la reciban en el futuro.

“Tú eres el Rey”.


Madre María Shimani de Montserrat:

Queríamos compartir con todos, que esta bendición especial que Cristo hizo para estos hermanos, es porque a partir del día de hoy, ellos forman parte de una nueva rama de la Orden Gracia Misericordia, que son los Adoradores, una tarea que tienen todas estas almas, de adorar el Cuerpo Eucarístico de Cristo, y nosotros, como Orden, les damos la bienvenida. Porque sabemos que ustedes van a ser un gran sustento para todos nosotros, no solamente para los consagrados de la Orden, aquellos que se consagran monásticamente, sino para todo el planeta. Estos hermanos, han hecho una tarea durante meses, en donde se fueron confirmando día tras día, como adoradores del Cuerpo Eucarístico de Cristo. Han ido trabajando intensamente y consiguieron algunas metas, entre ellas, la de adorar internamente a Cristo, y tener una frecuencia permanente, de tarea de adoración al Santísimo; en estos últimos seis meses, ellos se confirmaron ante nuestro Señor, y dieron su “si”, para asumir formalmente una tarea dentro de la Orden como Adoradores del Cuerpo Eucarístico de Cristo.

Así que todos aquellos que sientan en su corazón, poder realizar esa tarea, y asumir formalmente frente a Dios y frente al mundo, esa tarea de Adoración, pueden solicitar también hacer su aprendizaje y cuando se sientan listos, seguros de que van a poder sustentar ese compromiso, nosotros estaremos muy felices de darles la bienvenida
a nuestra Orden.

Quiénes somos

Asociación María
Asociación religiosa cristiana y ecuménica que tiene por finalidad difundir el mensaje universal de amor y de paz que Cristo Jesús, la Virgen María y San José transmiten a los monjes de la Orden Gracia Misericordia, estimulando el crecimiento espiritual a través de la oración y del servicio altruista.

Contacto

Mensajeros Divinos